DESDE MI MUNDO

  • Por Mariano Nin
  • Columnista

Estamos a menos de un mes de nuevas elecciones. Es la forma en que la democracia nos da la posibilidad de rectificar, ratificar, premiar o castigar a nuestros gobernantes.

El voto es un derecho constitucional y una obligación moral con la que asumimos nuestro grano de arena en la construcción del país que soñamos.

“Los niños son el futuro” es quizás la frase más gastada de cuantas se publicaron. Y, aunque encierra una gran verdad, para los políticos no es más que una expresión populista con la cual enganchar al electorado en los momentos en que las papas queman.

Los niños siempre enganchan.

La frase es linda, suena bien y convence, más por las repeticiones que por otra cosa. No es nueva, y la van a seguir usando incluso cuando ya no haya nadie en quién creer.

Paraguay invierte solo menos del 4% del producto interno bruto en la niñez para alzarse con otro absurdo récord: es la inversión más baja de la región.

A decir verdad, los niños pobres, incluso los niños de clase media, seguirán siendo educados bajo un manto de semiignorancia del cual solo unos pocos lograrán sobresalir.

4 de cada 10 estudiantes termina la educación media. Esa es la realidad del futuro.

Maestros poco preparados, algunos despreocupados y otros desinteresados, aulas en ruinas y mobiliario derruido, marcarán la que debería de ser la etapa más importante de la evolución del ser.

En Paraguay, la cobertura escolar abarca aproximadamente el 85% de niños/as en edad de ingresar al sistema educativo. Es el país latinoamericano con peor tasa de matriculación.

A la luz de esos números, la intención de preparar a los niños para el futuro nos regalará el presente que tenemos: autoridades mediocres más preocupadas en recaudar que en brindar un servicio al bien común.

Se estima que mil quinientos millones de dólares se malgastan por el mal uso del dinero público.

No lo digo yo. Solo basta abrir el diario para ver que los augurios más negros son una cruel realidad. Estamos atrapados en una interminable rueda que se proyecta al infinito.

Pero de verdad no solo los niños no son el futuro, porque de hecho, muchos de ellos no existen.

Uno de cada cuatro niños paraguayos no tiene identidad.

Es una cuestión cultural que debería de haber sido tratada con la educación.

Pero solo recibimos más de lo mismo.

Más de un millón de niños y adolescentes se encuentran en situación de pobreza, según fuentes oficiales.

En estas condiciones, el futuro no tiene futuro. No ahora y con este gobierno. Se llenan la boca de proyectos, pero en la realidad los niños ni siquiera tienen qué comer.

Así que cuando escuches que los niños son el futuro en boca de candidatos ahogados en casos de corrupción, recuerdes que el cambio está en vos.

En tu voto, ese que hará que el futuro sea una realidad mañana.

Pero esa, es otra historia.

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