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Ciudad de México.

Tomar el metro es uno de los medios para reducir tu tiempo en la carrera. En años recientes, el Maratón de la Ciudad de México ha provocado que haya multitudes en el metro de la ciudad. Esto no solo sucede porque la ciudad cierra numerosas calles para la carrera de 42 kilómetros, sino también porque se ha sabido de maratonistas tramposos que se suben para tomar una rápida desviación hacia la línea de meta. El año pasado, fueron descalificados 5.000 de los 28.000 corredores que terminaron. Cientos más fueron expulsados a la mitad de la carrera. Ninguna otra carrera reconoce haber sacado a tantos competidores de sus lugares. Antes del evento de este año, que se celebró el 25 de agosto, los organizadores esperaban tener una carrera sin trampas.

Es fácil detectar a la mayoría de los “corredores de chocolate” (la jerga mexicana para llamar a los corredores falsos). Cada corredor trae un chip que detectan los puestos electrónicos de control colocados a lo largo del trayecto. Los que se saltan alguno para llegar antes al final están condenados a una descalificación… pero solo días más tarde, bastante tiempo después de haber recibido su medalla y la adulación de las multitudes. Durante los últimos seis años, cada una de las medallas del maratón ha sido adornada con una letra. En conjunto, deletrean la palabra “México”. Esto ha motivado a algunas personas a hacer trampa para reunir la colección, aseguró Javier Carvallo, el director del Maratón de la Ciudad de México. Este año se lanzó una nueva serie de seis medallas que juntas conforman un mapa de la ciudad.

Otros tramposos le dan su pechera antes de la carrera a una “mula de pechera” más veloz, con la esperanza de conseguir un tiempo con su nombre que los califique para el prestigioso Maratón de Boston. En el 2017, los organizadores descalificaron a un hombre que llevaba una pechera registrada a nombre de una mujer llamada María. Otros reclutan a varios corredores para la carrera que usan la pechera como una estafeta de relevos. Los organizadores los rastrean revisando los tiempos de los intervalos para ver si la velocidad de un corredor es poco realista o varía de una manera sospechosa.

Muchos mexicanos creen que pagar la cuota de 650 pesos (33 dólares) para entrar a la carrera les da el derecho de correr la carrera como quieran, comentó Carvallo. En el 2007, Roberto Madrazo, un ex candidato presidencial, fue descalificado del Maratón de Berlín después de recortar una tercera parte del trayecto.

Madrazo insistió en que nunca tuvo la intención de correr la carrera completa. Las redes sociales pueden deformar el comportamiento. Los que graban y publican su preparación para la carrera se obsesionan con publicar una selfi triunfante después de terminarla. No obstante, presumir en Facebook e Instagram es riesgoso, aseguró Carvallo. Sostener una medalla sin una gota de sudor puede producir una descalificación. Los corredores serios y los amigos celosos delatan con gusto a los sospechosos ante los organizadores.

Todas estas tonterías afectan la reputación del maratón, uno de los de más rápido crecimiento en el mundo. También afectan la competencia. Corredores de hueso colorado esperan calles vacías, pero en su camino se encuentran con gente que se mete y corre lento, comentó Derek Murphy de Marathon Investigation, un blog que persigue a los malos perdedores de los maratones en todo el mundo. Este año, una campaña publicitaria promovió la honestidad. Por primera vez, los tramposos quedarán vetados de por vida. Eso debería bastar para mantener a raya a los “corredores de chocolate”.