AMSTERDAM

¿O ya llegaron al límite de su crecimiento? Conocida desde mucho tiempo atrás por sus bicicletas, Amsterdam está llevando el reciclaje a un nivel totalmente nuevo. El año pasado empezaron a extraer papel sanitario usado de las plantas de tratamiento de aguas residuales para incorporarlo al asfalto, lo cual ayuda a reducir el ruido que producen los automóviles. También se está reduciendo la cantidad de autos en la ciudad: su estrategia de una “ciudad que prescinde de los automóviles” hará que muchas calles sean de un solo sentido y que aumenten las tarifas de estacionamiento a 7,50 euros (8,25 dólares) por hora. Cerrará su central térmica de carbón y se planea eliminar de la ciudad la calefacción de gas de las casas para el 2040 y sustituirla con bombas de calor eléctricas y sistemas centralizados de agua caliente en cada vecindario.

Eso es lo que ocurre cuando un partido verde sube al poder. Durante décadas, Amsterdam fue un baluarte del Partido Laborista Holandés. Pero la demografía de la ciudad hace mucho tiempo pasó de ser una ciudad de trabajadores de fábricas a una de yuppies multiculturales, y el pasado marzo el Partido de la Izquierda Verde ganó las elecciones municipales. Femke Halsema, la alcaldesa y antigua dirigente de Izquierda Verde, se ha rehusado a aplicar la prohibición nacional de la burka en los edificios públicos de la ciudad. Incluso se ha retirado de la ciudad el gigantesco letrero de “I Amsterdam” donde solían posar los turistas; un miembro del consejo de Izquierda Verde se había quejado de que el lema era demasiado individualista.

Amsterdam es una precursora de una tendencia europea más general. Desde el pasado abril, Izquierda Verde ha sido el partido más popular de la izquierda holandesa. El Partido Verde de Alemania alcanzó la misma meta en octubre, superando al Partido Socialdemócrata que había sido tan poderoso. En Luxemburgo, una coalición que incluía a los verdes tomó el poder en noviembre y de inmediato eliminó las tarifas del transporte público.

Muchos partidos verdes ven esto como una oportunidad de asumir el liderazgo de la izquierda europea y sustituir a los partidos socialdemócratas que tuvieron ese papel durante un siglo. “Creo que ya se fueron. Son partidos del pasado”. Comenta Jesse Klaver, dirigente de Izquierda Verde. La centro-izquierda, sostiene, traicionó sus ideales al aceptar la austeridad durante la crisis financiera. En el futuro predominarán temas como el cambio climático, la migración y la desigualdad, donde los verdes representan una alternativa más concreta que la derecha.

Los partidos verdes alemanes y holandeses deben parte de su éxito a las vicisitudes de la política. En ambos países, los partidos de centro-izquierda formaron grandes coaliciones con los de centro-derecha durante la crisis financiera, convirtiéndose en el objetivo para los votantes contestatarios. Además, los partidos verdes de ambos países tienen dirigentes jóvenes y carismáticos: Klaver en Holanda, y la dupla de Annalena Baerbock y Robert Habeck en Alemania.

Sin embargo, los politólogos afirman que también existe una lógica detrás del ascenso de los verdes, que es el reflejo del ascenso de los grupos populistas de derecha. “Ahora mismo hay una gran polarización entre globalización y nacionalismo, lo cual favorece tanto a los verdes como a la ultraderecha”, señala Emilie van Haute de la Université Libre de Bruselas. En donde alguna vez estuvieron divididas la izquierda y la derecha en el ámbito económico, ella ve una nueva separación acerca de los “valores posmaterialistas” como la identidad cultural y el medio ambiente. Eso explica algunos resultados como la elección regional de Baviera, en la que tanto el Partido Alternativa para Alemania como el Partido Verde tuvieron grandes logros.

La siguiente prueba importante vendrá en las elecciones del Parlamento Europeo en mayo. El grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea está dentro de los grupos más pequeños del Parlamento, con solo 50 de 751 escaños. No obstante, parece probable que la elección reduzca la participación general de los tres más grandes: el grupo de centro-derecha del Partido Popular Europeo, el grupo de centro-izquierda de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas y el grupo liberal de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa. El grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea podría terminar en buena posición, con mucha mayor influencia que en el pasado.

NO SIEMPRE HAY MÁS VERDOR DEL OTRO LADO

Sin embargo, a excepción de Alemania y Holanda, hay pocas señales de una oleada verde. Los partidos verdes de los países nórdicos están todavía muy por detrás de los socialdemócratas establecidos. Los votantes urbanos cultos que en Europa del oeste podrían apoyar a los verdes, en Europa del este y del centro tienden a respaldar a otros partidos. En Polonia y Hungría, donde tienen el poder los nacionalistas populistas, los liberales urbanos por lo general apoyan a la oposición tradicional del centro. En Rumania y Bulgaria, pueden respaldar a los grupos anticorrupción como la Unión Salvar Rumania o el partido ¡Sí, Bulgaria! La estrategia de Los Verdes/Alianza Libre Europea es atraer a esos partidos que están en contra de la corrupción, comenta Bas Eickout, miembro del Izquierda Verde del Parlamento Europeo y uno de los dos candidatos principales de ese grupo para las elecciones.

En el sur de Europa, las dificultades económicas han hecho que los “valores posmaterialistas” de los verdes sean una desventaja. En 1989, el 11,5% de los italianos nombraron a la protección al medio ambiente como un asunto importante, casi tantos como en el Reino Unido. Pero para el 2008, después de dos décadas de estancamiento, esa cifra había bajado al 2,4%, mucho más abajo que en la mayor parte del norte de Europa. Las inquietudes ambientalistas en Italia, como la oposición a proyectos de infraestructura, ha sido captada en su mayor parte por el Movimiento 5 Estrellas.

Mientras tanto, el principal partido verde de Francia, Europa Ecología Los Verdes (EELV, por su sigla en francés), se ha visto perjudicado por algunas disputas y por un sistema electoral de sufragio directo. El EELV tuvo su mayor triunfo en las elecciones europeas del 2009 al ganar el 16% de los votos. Pero se vio afectado por su colaboración con el impopular gobierno de François Hollande y ha tenido problemas para encontrar dirigentes carismáticos para remplazar a los anteriores como Daniel Cohn-Bendit. Durante los dos últimos años, el nuevo partido del presidente Macron, La República en Marcha, ha absorbido la vitalidad de los votantes urbanos cultos a quienes los verdes podrían tener la esperanza de atraer.

También en Francia es donde ha surgido el último desafío para los verdes: el movimiento de los chalecos amarillos. Las protestas comenzaron para oponerse a un impuesto a la gasolina introducido por el gobierno de Macron con el fin de cumplir las metas del acuerdo de París sobre el clima. Su explosiva propagación puso de manifiesto el problema de que a la gente no le gusta pagar de su bolsillo políticas ecológicas caras, a diferencia de las de pequeño calibre.

Eickhout cree que el error de Macron fue introducir un impuesto al carbón sin usar los ingresos para ayudar a quienes les afecta más. A fin de combatir esos problemas, los partidos verdes han ampliado sus plataformas mucho más allá de los temas ambientales. En Alemania, Habeck ha propuesto una garantía a la seguridad social, parecida a un ingreso básico, para convencer a los votantes de la clase trabajadora de que el partido no es solo para los ecologistas extremos.

Sin embargo, existe gran competencia en muchos de estos temas. Tal vez los votantes de la clase trabajadora se vean más atraídos hacia los grupos económicos de extrema izquierda o hacia los partidos populistas de derecha. Tal vez los partidarios de la justicia tributaria y del estado de derecho acudan a los partidos liberales.

En realidad, ningún partido verde ha mantenido en forma consistente más del 20% de apoyo en las votaciones. Eso hace que su ambición de dirigir la izquierda europea parezca una posibilidad muy remota. No obstante, Mark Blyth, profesor de Política Europea en la Universidad Brown, sostiene que con el fracaso de los partidos socialdemócratas, los izquierdistas europeos tienen pocas opciones. “La izquierda está débil o muerta, a menos que se monte en la juventud y el entusiasmo que atraen los verdes”, señala.