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Una mejor comunicación entre sus fuerzas armadas ayudaría a evitarlo.

El hecho de que la comunicación militar oficial entre Estados Unidos y China todavía se realice por fax da mucho que pensar. El uso de esta tecnología obsoleta es una señal de la preocupante falta de diálogo efectivo entre las fuerzas armadas de ambos países. Estos gigantes pelean por espacios en el Pacífico occidental; sus buques y aviones maniobran muy cerca unos de otros todos los días. Ninguno de ellos quiere la guerra, pero China está decidida a mantener a Estados Unidos a raya. Es fácil imaginar cómo podría escalar un choque en el aire o en el océano. De haber víctimas, podrían atizarse las llamas nacionalistas de cualquier bando y provocar respuestas de funcionarios nerviosos o dirigentes políticos que pronto podrían desencadenar un desastre. Lo mismo podría ocurrir si alguno de ellos malinterpreta los movimientos militares del otro. Las relaciones entre China y Estados Unidos ya son tensas en el tema comercial y en muchos otros. Por lo tanto, por simple sentido común es importante intentar reducir el riesgo de que sus desavenencias dentro del marco de la Guerra Fría lleguen a caldearse.

Los funcionarios estadounidenses y chinos se conocen cada vez mejor. Con los años, se han multiplicado los intercambios entre sus academias militares, las escalas portuarias y las visitas de alto nivel a sus respectivos países. Sin embargo, todavía hay un enorme golfo. Gran parte de esa interacción es superficial. Los funcionarios estadounidenses por lo regular describen a los oficiales de inteligencia chinos que hablan con ellos como “operarios bárbaros”: políticos pulidos de habla inglesa designados para ocupar los cargos; en general, oficiales de inteligencia cuyos uniformes nunca se han arrugado o ensuciado. En ocasiones, pasean a los estadounidenses por bases simuladas vacías y los distraen con exhibiciones de kung-fu en vez de simulacros genuinos. Estos se preguntan qué caso tiene perder el tiempo con ese tipo de excursiones, que no revelan mucho acerca de las intenciones de los chinos o de la forma en que ambos bandos podrían amortiguar una crisis. Cuando se reúnen funcionarios de alto rango de ambos países, los chinos tienden a invertir mucho tiempo en criticar la política exterior estadounidense en vez de dialogar sobre posibles formas de crear confianza.

MANIOBRAS MILITARES

Desde hace algunos años, China ha estrechado sus relaciones militares con Rusia. En setiembre, China envió a miles de soldados a participar en las mayores maniobras rusas desde la Guerra Fría. No obstante, cuando China recibe una invitación para participar en ejercicios estadounidenses, su respuesta ha sido brusca. En el 2014, en una acción digna de reconocimiento, Estados Unidos permitió que la Armada china participara en la mayor reunión multinacional del mundo para realizar ejercicios marítimos de guerra, llamados RIMPAC. La respuesta de China no fue de camaradería; por el contrario, exigió las mejores actividades, envió embarcaciones espía para fisgonear en las maniobras e impidió que los oficiales japoneses disfrutaran la tradicional fiesta de cóctel a bordo de un buque. Estados Unidos excluyó a China de RIMPAC este año en protesta por el despliegue de misiles en islas artificiales que ha construido en el mar de China Meridional. La Armada china se molestó pero, con toda razón, los estadounidenses no sintieron la pérdida. Incluso cuando se les han dado oportunidades de construir puentes, los funcionarios chinos han preferido ignorarlas.

Las dos fuerzas armadas no solo emplean el fax para comunicarse. Hace una década, se estableció el canal llamado Defense Telephone Link. Hace poco, se activó un vínculo de video con tecnología innovadora entre el presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos y su homólogo chino. El problema no es que falten canales de comunicación, sino cómo se utilizan. Los funcionarios estadounidenses han dejado muy claro que si China se comunicara en plena crisis, le contestarían. No están muy seguros de que China esté dispuesta a hacer lo mismo.

Parte del problema es la forma en que funcionan las fuerzas armadas de China. El Partido Comunista tiene presencia en toda la jerarquía militar. Sus comisarios políticos con frecuencia cuentan con la misma autoridad que otros comandantes que son verdaderos soldados. En especial en los rangos más altos, los oficiales chinos solo pueden tomar decisiones a la velocidad de un comité. Con todo, no es ninguna excusa para la costumbre que tiene China de desconectar el teléfono. Quizá una comunicación ágil no le ponga fin a una crisis, pero sí puede reducir el peligro de que se agraven las tensiones por algún malentendido.

MISILES BALÍSTICOS

Por fortuna, durante la presidencia de Barack Obama, los dos países lograron establecer algunas reglas para regir los encuentros cercanos entre sus buques y aviones. Gracias a ello, han estado a punto de chocar menos veces, tanto en el aire como en el mar. Por desgracia, todavía no es suficiente. Las incansables medidas de China para reforzar a sus fuerzas militares han creado la urgente necesidad de elaborar convenios más amplios. Los funcionarios del Pentágono afirman que China ha dotado a su fuerza aérea de armas nucleares. De ser cierto, China tendría una tríada completa de armamento nuclear, que podría lanzar desde el aire, desde tierra y desde el mar. A pesar de lo anterior, estas dos fuerzas armadas no han sostenido conversaciones nucleares en más de diez años. Incluso la Unión Soviética convino en emitir avisos con respecto a sus pruebas de misiles balísticos. Los chinos no desean considerar una medida así para fomentar la confianza, a pesar de la creciente importancia de los misiles para ambos países.

Durante una visita a Washington en noviembre, el ministro de Defensa chino, Wei Fenghe, declaró que es necesario fortalecer la comunicación. Es positivo que China lo reconozca. El problema es que, muchas veces, permite que el resentimiento por asuntos sin ninguna relación cause interrupciones en el contacto militar. En el 2018, canceló varias conversaciones de alto nivel, incluido un diálogo incipiente entre funcionarios militares de alto rango. Desde la Guerra Fría, ningún diálogo entre dos élites de defensa ha sido tan vital para la paz global.