Cluj, situada en Transilvania, le está demostrando cómo crecer a un país que se reduce. Los lanzacohetes montados sobre camiones retumbaban por todo el centro de la ciudad de Cluj, seguidos de filas de soldados. Los aviones de combate chirriaban sobrevolando bajo.

El 1 de diciembre, Rumania celebró el centenario de su nacimiento como Estado moderno. Ahora es más pequeña que en 1918, pero –a diferencia de su antigua vecina, Yugoslavia, fundada el mismo día– al menos ha sobrevivido.

POCO QUE CELEBRAR

Sin embargo, muchos rumanos no tenían ganas de celebrar. La economía está en crecimiento, pero entre tres y cuatro millones de personas se han ido desde 1990. El 1 de enero, Rumania asumirá la presidencia de las reuniones ministeriales de la Unión Europea, pero la Comisión Europea ha castigado a su gobierno por dar marcha atrás en las reformas anticorrupción.

La infraestructura y el sistema de salud pública están en malas condiciones. Deloitte, una consultoría, clasifica a este país en el último lugar de la Unión Europea en cuanto a su calidad de vida.

Tal vez sorprenda que la gente de Cluj, una ciudad de Transilvania, sea arrogante. Cluj es uno de los dos pueblos de Rumania cuya población está aumentando y no disminuyendo, señaló el alcalde Emil Boc, quien tiene una gran tortuga como mascota en su oficina del majestuoso ayuntamiento, que data de la época austro-húngara, ya que su departamento es demasiado pequeño para el acuario.

De manera similar, Cluj es demasiado pequeño para 450.000 personas: el próximo año debe comenzar la construcción de casas para 200.000 personas. Según Boc, el “activo fundamental” de Cluj son sus 100.000 estudiantes. Estos incluyen más de 3.000 extranjeros, lo cual es muy raro en un país en donde la tendencia es que la gente de ahí se vaya a estudiar al extranjero.

“CEMENTERIO INDUSTRIAL”

Después de la caída del comunismo, Cluj fue un “cementerio industrial”, comentó Calin Hintea de la Universidad Babes-Bolyai.

El alcalde de la ciudad en aquel entonces se la pasó alborotando contra la gran minoría húngara. No obstante, en el 2007, Boc les pidió a Hintea y a sus colegas que elaboraran una estrategia a nivel municipal que diera más prioridad a las universidades que a las fábricas. Ahora Cluj alberga 1.350 empresas de tecnología de la información y aproximadamente 20.000 desarrolladores e ingenieros, de los 12.000 que había en 2014.

No obstante, después de cinco años de un crecimiento espectacular, Cluj está llegando a su límite. Una quinta parte de la población en edad productiva de Rumania está en el extranjero. También Cluj se enfrenta a escasez de mano de obra y a demandas de aumento de salarios. Wouter Reijers, un empresario holandés, afirmó que él paga a sus ingenieros lo doble que hace cinco años.

Los trabajadores de la construcción del país son tan escasos que se necesita recurrir a los vietnamitas para proveer de personal las obras en construcción.

“PELEAS” POR TALENTOS

Las empresas de tecnología de la información de Cluj tienen que empezar a desarrollar sus propios productos en vez de subcontratar de otras partes, señaló Diana Rusu, quien administra Spherik, una aceleradora de empresas de tecnología de la información.

Las empresas “pelean como locas” por adquirir los mejores talentos, afirmó Paul Brie, un rumano que había emigrado a Francia, pero que regresó a Cluj en el 2014 con un atractivo puesto de trabajo en una empresa de tecnología de la información.

Han florecido nuevos restaurantes y los que alguna vez fueron edificios históricos en ruinas han sido restaurados con devoción.

No obstante, el auge de Cluj derivado de la tecnología de la información ha provocado un aumento vertiginoso en los precios de los bienes raíces. Incluso la comida y los enseres domésticos son más caros aquí que en cualquier otro lugar. Están expulsando del pueblo no solo a los pobres y a los viejos, sino también a la gente promedio.

La politóloga Madalina Mocan señaló que algunos de sus alumnos se desplazan una hora y media para llegar a la universidad.

A pesar de ello, Mocan comentó con orgullo, cuando les dice a los demás rumanos que ella es de Cluj, “me dicen ‘¡qué increíble!’”.