Naciones Unidas, Estados Unidos | AFP, por Philippe RATER.

Los Estados miembros de la ONU iniciarán el martes la preparación para 2020 de un tratado sobre alta mar, que representa casi la mitad de la superficie del planeta pero que carece de una adecuada protección ambiental.

Las conversaciones se realizarán durante cuatro sesiones, cada una de dos semanas de duración, a lo largo de los próximos dos años con miras a proteger la biodiversidad marina y para evitar que los océanos se degraden aún más.

"Las negociaciones serán sobre los espacios que están más allá de las jurisdicciones nacionales o áreas que no pertenecen a ningún país en particular", explicó Julien Rochette del Instituto para el Desarrollo Sostenible y de Relaciones Internacionales (Iddri, con sede en París).

La agenda se centrará en "la alta mar y la zona internacional de aguas marinas, es decir de cerca del 46% de la superficie del planeta", agregó.

En 1982, Naciones Unidas (ONU) adoptó una convención sobre el derecho al mar, pero dejó la alta mar sin regulaciones. "Todos los Estados ejercen sus libertades tradicionales de navegación, sobrevuelos, investigación científica y pesca en alta mar", señala el texto.

El documento entró en vigor en 1994, sin la participación de Estados Unidos.

Desde entonces, el transporte marítimo se ha expandido considerablemente y los recursos en el océano profundo han despertado grandes intereses, ya sea para la pesca o para la extracción minera.

"La vida marina ya se está tambaleando por el impacto de la pesca industrial, el cambio climático y otras industrias extractivas. Tenemos una responsabilidad compartida para proteger nuestros océanos antes de que sea muy tarde", dijo Sandra Schoettner de la organización Greenpeace.

El futuro tratado debe principalmente crear áreas protegidas en alta mar, favorecer la distribución de los recursos marítimos genéricos y los estudios de impacto ambiental, así como reforzar las capacidades y la transferencia de tecnologías.

“Santuarios oceánicos”

Se espera que algunos países que practican la caza de ballenas, como Japón, Islandia y Noruega, sean más prudentes sobre el tratado por que temen que se establezcan estrictas restricciones a la pesca, indicó Rochette.

Estados Unidos también es reticente al tratado "porque se opone a todo tipo de regulación de los recursos marinos genéticos y no ratificaron la convención de la ONU sobre el derecho al mar. Rusia también ha estado arrastrando los pies por largo tiempo", precisó el experto del Iddri.

La experta en océanos Liz Karan, de la ONG Pew Charitable Trusts (con sede en EEUU), las negociaciones representan un "punto de quiebre decisivo". "Ahora entendemos mucho más sobre la interdependencia del mundo de los océanos con la salud del planeta".

Para Schoettner, "la vida de nuestros mares depende del resultado de los próximos dos años de negociaciones, desde el más pequeño plancton a los delfines, las tortugas y las grandes ballenas".

“Un tratado mundial fuerte permitirá que creemos una red de santuarios oceánicos para proteger la fauna, garantizar la seguridad alimentaria de billones de personas y ayudar a luchar contra el cambio climático”, agregó.