Nueva York, Estados Unidos. AFP

“Las preguntas aburridas e imbéciles no son bienvenidas”, se quejaba en mayo el patrón de Tesla, Elon Musk, antes de cerrar una ronda de preguntas de analistas de Wall Street.

Reconocido como uno de los innovadores de primera línea en Estados Unidos, Musk, de 47 años y nacido en Sudáfrica, tolera poco las críticas y no duda en arreglar sus cuentas en Twitter.

Sus citas trimestrales con inversionistas y analistas parecen peleas de boxeo, en las cuales juega el papel de un retador determinado a lanzar el primer golpe.

“Las preguntas aburridas e imbéciles no son bienvenidas”, respondió a un analista financiero que lo interrogaba sobre los márgenes de ganancia de Tesla luego de un desempeño nuevamente decepcionante del constructor de autos eléctricos de alta gama.

Tesla ha ganado dinero solamente en dos trimestres en 15 años. Aún así, el grupo tiene una valoración en bolsa mayor que General Motors con sus decenas de millones de vehículos producidos y sus miles de millones de dólares en ganancias.

“Esas preguntas son estériles. Me fastidian”, seguía el empresario en aquel intercambio; un desplante que no se pueden permitir otros grandes directivos de empresas, pues las recomendaciones de analistas financieros tienen pesadas consecuencias sobre una acción en bolsa.

Elon Musk, que marcó la hoja de ruta del transporte del futuro –carros eléctricos y vehículos autónomos–, se ve como un visionario incomprendido y no duda en recurrir a la intimidación y las amenazas de cara a sus “enemigos”.

Un colaborador del sitio estadounidense de información financiera seekingalpha.com salió de esa publicación luego de que Musk llamó personalmente al empleador del autor para amenazarlo con una demanda en la justicia por varios escritos negativos sobre Tesla, informó el sitio a finales de julio.

Otro extraño momento ocurrió en julio cuando Musk tachó de “pedo” –dando a entender que es un pedófilo”– a un espeleólogo británico que desechó la idea del jefe de Tesla de usar un submarino miniatura que él diseñó para rescatar a 12 niños tailandeses de una cueva.