“¿Por qué nunca estuve en Para­guay?”, se pre­guntó Amaia Montero, cerca de cerrar su potente y emocio­nante concierto por la noche del sábado último en el Gran Teatro del Banco Central del Paraguay, donde sus segui­dores le correspondieron de manera entusiasta al juego de la “primera cita”.

Hacia las 21:52, las luces se apagaron y los cinco músi­cos de la cantautora espa­ñola tomaron lugar para abrir con “La boca del lobo”, “Darte mi vida” y “Deseos de cosas imposibles”, el primero de los cinco éxitos de su afamada banda anterior, La Oreja de Van Gogh, que cautivaron en el repertorio.

“¿De verdad es la primera vez?”, saludó Amaia, propo­niendo que se haga una fiesta y que iba a haber momentos para dejar de estar quietos en el sofá. Siguió con “Ave Fénix” y “Quiero ser”, con que puso a algunos fans de pie. Tras algunos gritos como “te amo”, “ídola”, “guapa”; Amaia dijo entonces: “Aquí es cuando voy a comprobar al público paraguayo. Es momento para conocernos”, porque cantaría “La playa”, hit del 2000. La artista (que supo evitar caer con algunos tropezones) se mostró inquieta y enérgica, paseando por el escenario, conectándose con sus músi­cos y arrodillándose al borde de la tarima.

La artista española estuvo acompañada por una sólida banda de cinco integrantes.FOTO:CRISTÓBAL NÚÑEZ
La artista española estuvo acompañada por una sólida banda de cinco integrantes.FOTO:CRISTÓBAL NÚÑEZ

Tras “Vistas al mar” (donde desnudó su voz, sentada sobre un parlante y solo con el piano de fondo), Amaia comentó que tuvo una etapa en la que se encontró a sí misma y señaló que era “un concierto muy especial” para presentar el estridente “Mi Buenos Aires”, pero acotó: “No quiero que os pongáis celosos”, por el nom­bre de la canción. Continua­ron “Muñeca de trapo” (tam­bién de La Oreja), “Palabras” y “Cuestión de suerte”.

“Aquí ya no voy a decir nada, aquí ya es cuando voy a cono­cer de verdad al público para­guayo”, dijo la artista, porque llegaba “Rosas”, que puso a todo el auditorio en pie para un coro a flor de piel y, coin­cidentemente, un fan se acercó y recibió un beso en la mejilla, cuando el estri­billo decía: “Me pediste que te diera un beso…”. Luego de “Inevitable”, Amaia indicó que su “último disco es un ajuste de cuentas” y “qué triste dedicar esta vida a difamar a otras personas”, aludiendo a la poderosa lírica de “Nacidos para creer”, que comparte título con su cuarto álbum solista. “Gra­cias Paraguay, rohayhu Para­guay, pero rohayhu a morir”, expresó antes de despedirse y, durante su interpretación, agarró una bandera para­guaya que le entregó una fanática.

Obviamente se impuso el ritual del bis y Amaia vol­vió con la bandera nacional en mano para entonar “Pue­des contar conmigo”. “Ha sido un placer”, se despidió, para abrazarse con sus músicos, mientras sonaban acordes de “All You Need Is Love”, de los Beatles, y el público aprove­chó la oportunidad para arri­marse a la tarima para salu­darla, pasando una decena de minutos de las 23:00.

Luego de dos décadas desde que iniciara su carrera junto a La Oreja de Van Gogh, Amaia Montero pisó Paraguay con la gira de “Nacidos para creer”, en una coproducción de RPM Producciones e InOut Music.