Con un tiempo espléndido, los fieles de la Virgencita Azul le regalaron su amor y sacrificio. Hubo festejos que impactaron por su belleza.


Monseñor Ricardo Valenzuela besa con humildad los pies del Cristo, que presidió el altar levantado en la explanada de la Basílica en honor a su madre.
Durante la misa central, cientos de fieles pidieron la bendición de distintas imágenes de la Virgen de los Milagros de Caacupé con el fin de llevarlas a sus hogares.
Niños nativos tuvieron espacios dedicados especialmente para jugar y descansar en medio del esfuerzo de sus padres y de ellos mismos por la peregrinación.
Una singular promesera, con túnica y corona de espinas, como un Cristo viviente, caminando hacia el santuario para pagar la promesa a la Virgen de Caacupé.
Un grupo de jóvenes portó una cruz, con una bandera paraguaya y un cartel que rezaba: “Dice la Virgencita que ya no quiere más gobernantes corruptos”.


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