POR CAROLINA VANNI

Periodista

Uno de los momen­tos más esperados durante la misa de beatificación fue el descubri­miento del rostro de Chiqui­tunga. El retablo completo, hecho con 70.000 rosarios, fue montado al margen izquierdo del presbiterio. Al lado del recuadro principal, que per­maneció cubierto con una tela blanca hasta el momento en que fue develado, estaba la otra parte del retablo, que tenía figuras geométricas y forma de jazmines, la flor favorita de la primera beata paraguaya.

El presbiterio lució majes­tuoso con tres arcos dorados en el frente, el techo de rosa­rios colgantes y un fondo color celeste, simulando una lluvia con rosarios. El cuadro se com­pletó con un collage de rosa­rios de varios colores y ade­más, las cartas enviadas con los rosarios, todas pegadas en una madera, colocadas a cada lado del fondo celeste, que fue el centro del presbiterio.

En la medida que caía la tarde, lentamente se fueron pren­diendo las luces, tanto del presbiterio como de la ima­gen de la beata, dando marco imponente al solemne acto religioso que duró poco más de dos horas.

El artista plástico Koki Ruiz se mostró sumamente emocio­nado tras el descubrimiento de la obra y la gran ovación del público. Indicó que el trabajo fue el producto de seis meses de tarea intensa, incluyendo la recolección, selección y poste­rior colocación.

LA PREVIA

La animación se inició a las 14:00 con un concierto de los grupos que fueron seleccio­nados previamente para este evento. Las canciones fueron coreadas por el público en todo momento, mientras que len­tamente se iban llenando las graderías de todos los sectores del estadio. Tras la puesta en escena de la obra teatral “Chi­quitunga”, a cargo de la profe­sora Teresa Peralta, siguieron las canciones y poco antes del inicio de los preparativos para la celebración se proyectó un documental sobre la vida de la beata, en el que dieron su tes­timonio sus hermanas y algu­nas religiosas que llegaron a conocerla.

La proyección del documen­tal fue muy aplaudida por el público, ya que sirvió para conocer más sobre la vida de la beata y las acciones que le valieron estar un peldaño más cerca del cielo.

Poco antes de la culminación de la ceremonia religiosa, el arzobispo metropolitano, monseñor Edmundo Valen­zuela, agradeció primeramente al papa Francisco por dar una mirada a Paraguay y sobre todo a la mujer paraguaya. Tam­bién hizo lo mismo al emisa­rio, el cardenal Angelo Amato.

Los agradecimientos tam­bién alcanzaron al Gobierno Nacional, en la persona del pre­sidente, Horacio Cartes, quien vivió la beatificación desde el palco de honor en compa­ñía de la vicepresidenta, Ali­cia Pucheta; a los familiares de Chiquitunga, a los religio­sos carmelitas y al procurador de la causa, el padre Romano Gambalunga.

Asimismo, dio un especial agradecimiento a las autorida­des del club por prestar las ins­talaciones, y al artista plástico Koki Ruiz y a todo su equipo de trabajo por el empeño y la majestuosa obra que lució imponente y resplandeciente en el estadio.