El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, denunció este jueves que su país sufre una “epidemia” de violencia provocada por las armas de fuego, en una ceremonia en la que anunció medidas limitadas para intentar controlar un problema que hasta ahora ningún mandatario ha podido frenar. El presidente, que siempre ha abogado por un mayor control de la tenencia de armas, ha recibido presiones de su Partido Demócrata para que actúe tras los recientes tiroteos de Colorado y Georgia.

“Esto es una epidemia, por el amor de Dios, y tiene que parar”, declaró el mandatario demócrata en la Casa Blanca, refiriéndose igualmente a los tiroteos como una “crisis de salud pública”. “Ya basta de rezos”, afirmó con respecto a un problema que provoca cerca de 40.000 muertos cada año en el país. “Llegó la hora de la acción”, aseguró el mandatario que se refirió a la situación como una “vergüenza internacional”.

Sin un acuerdo probable en el Congreso para aprobar una reforma amplia, por ejemplo para exigir un informe de antecedentes para los compradores, Biden anunció seis decretos para intentar abordar el problema. Presentó un plan limitado para prevenir la propagación de las llamadas “armas fantasma” -de fabricación artesanal, a veces con impresoras 3D-, que son imposibles de rastrear en caso de ser utilizadas en un crimen.

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