La campaña electoral de Brasil fue atípica por donde se la mire, tal como ha sido la vida política de este país desde que la presidenta Dilma Rousseff (PT) fue destituida en un impeachment, hace dos años. Como telón de fondo estuvo el mayor índice de insatisfacción popular con la democracia en América Latina, según la encuesta Latinobarómetro de 2017.
Una encuesta de Datafolha divulgada el jueves registró el mayor índice de apoyo de los brasileños a la democracia como forma de gobierno desde 1989: 69%, con un aumento de 12 puntos desde junio. Si este cambio se debe a la incertidumbre y temores que generan los comicios es algo que parece indescifrable por ahora.
La campaña se enrareció más con el protagonismo que ganaron militares de varias formas, desde candidaturas de oficiales retirados hasta una advertencia del comandante del Ejército diciendo tras el ataque a Bolsonaro que la legitimidad del próximo gobierno podría estar “cuestionada”.

