La exguerrilla FARC pidió perdón público este lunes último a las miles de personas que secuestró en Colombia y expresó su arrepentimiento por el “dolor” y las “humillaciones” que les infligió en cautiverio. “El secuestro fue un gravísimo error del que no podemos sino arrepentirnos”, dijo la dirigencia del hoy partido político en el mensaje de perdón más contundente que ha enviado desde que firmó la paz en 2016.

La que fuera la organización rebelde más poderosa de América, implicada en un conflicto de casi seis décadas, admitió adicionalmente que el “el secuestro (...) hirió de muerte” la “legitimidad y credibilidad” de su alzamiento armado contra el Estado colombiano. “Este lastre (...) hoy pesa en la conciencia y en el corazón de cada una y cada uno de nosotros”, agregó en una declaración pública.

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La otrora guerrilla está respondiendo por delitos atroces ante el tribunal creado a partir de los acuerdos de paz que permitieron la desmovilización de unos 13.000 rebeldes, incluidos unos 7.000 combatientes. En su mensaje, aseguró que hoy entiende el dolor que le causó a “tantas familias” y citó el caso de Andrés Felipe Pérez, un niño de 12 años que murió de cáncer en 2001 mientras su padre, un cabo de la policía, estaba en poder de los rebeldes.

Las entonces Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia desoyeron sus súplicas para liberar al uniformado, que terminó siendo asesinado en cautiverio en un supuesto intento de fuga. “Sentimos como una daga en el corazón la vergüenza que nos produce no haber escuchado el clamor de Andrés Felipe Pérez (...) No podemos devolverles el tiempo arrebatado para evitar el dolor y las humillaciones que les causamos a todos los secuestrados”, manifestó el partido de izquierda Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC).

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La justicia de paz investiga más de 20.000 secuestros por parte de los rebeldes que depusieron las armas, entre ellos los de cientos de uniformados y varios políticos como la colombo-francesa Íngrid Betancourt, quien pasó seis años en cautiverio antes de ser liberada en una operación militar en 2008.

Los responsables de la antigua guerrilla podrán evitar la cárcel si confiesan sus crímenes, reparan a sus víctimas y se comprometen a nunca más ejercer la violencia. En caso de que incumplan, podrían recibir penas de hasta 20 años de cárcel. Además del secuestro, los jefes rebeldes de antaño están rindiendo cuentas por reclutamiento de menores entre otras acciones.

Aunque el desarme de las FARC alivió sensiblemente la violencia en Colombia, todavía operan grupos armados que se financian del narcotráfico y que en las últimas semanas han desatado una ola de masacres y asesinatos que también cuentan entre sus víctimas a los exguerrilleros.

Fuente: AFP.

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