• Pedro Juan Caballero
  • Emerson Dutra
  • corresponsal.

El grave hecho ocurrió la semana pasada, pero recién ahora saltó a luz. De acuerdo con los datos, el pasado jueves una niña de tan solo ocho años ingresó de urgencia a un centro asistencial pri­vado tras quedar incrustado en su parte íntima un cepillo de inodoro.

El argumento del padre de la menor es que la misma, estando en el baño, cayó encima del objeto, que por tener una especie de gan­cho en la punta, quedó preso dentro de los órganos vagina­les. A consecuencia de eso, la niña fue sometida de urgencia a una operación quirúrgica por médicos del lugar.

El caso iba a pasar desaper­cibido si es que el juez de la Niñez y Adolescencia, Elvio Insfrán Armoa, no recibiera una llamada telefónica anó­nima relatando lo ocurrido. De inmediato, el magistrado se trasladó hasta el centro asistencial donde pudo corro­borar el hecho.

La menor relató a las auto­ridades judiciales intervi­nientes que su padre fue el que le había introducido en sus genitales el cepillo utili­zado comúnmente para lim­piar inodoros. Dijo, incluso, que su propio progenitor había abusado sexualmente de ella cuando tenía seis años.

PORNOGRAFÍA INFANTIL

En medio de una terapia de juegos, la niña precisó que su padre introducía con fre­cuencia objetos en sus partes íntimas y que su propia madre tenía conocimiento del hecho. “No quiero que mi papá sea preso”, dijo entre lágrimas la menor ante el asombro de las autoridades judiciales inter­vinientes.

De inmediato, el juez Insfrán Armoa comunicó el hecho al Ministerio Público que, ayer por la tarde, imputó a la pareja por abuso sexual en niños y pornografía en cali­dad de autor y cómplice res­pectivamente.

“Se incautó el aparato celu­lar de ambos. En el celular del padre, se pudo compro­bar que el mismo tenía acceso directo a sitios de pornografía infantil”, dijo un agente poli­cial. Como medida cautelar de urgencia, el magistrado ordenó que la niña quede bajo custodia de la abuela paterna. La menor ya fue dada de alta y el temor es que los familia­res la manipulen para negar lo ocurrido para deslindar las responsabilidades penales de sus padres.