Por JAVIER VIVEROS (*)

El recuerdo de José Asunción Flores de la mano de un autor que ha investigado profundamente la gran obra del artista y el hombre y que le rinde homenaje en este espacio. 

Ciento dieciséis años. El próximo 27 de agosto celebraremos otro aniversario del nacimiento del genio. Mucho se ha dicho y escrito ya sobre la vida y obra de José Agustín Flores, inscripto en la inmortalidad como José Asunción Flores. Sabemos de su infancia pobre, de su paso por la Banda de Policía, de su condición de único creador de un género musical nuevo y profundamente paraguayo: la guarania. Es consabido que despertó la envidia y la animadversión de alguna gente, como para justificar aquella frase de Johnathan Swift que el escritor estadounidense John Kennedy Toole colocó como epígrafe de su novela más famosa:

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Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él.

Durante los primeros años de la guarania, los diarios acogieron los dardos deletéreos de un tal Smerdiakoff (quien, al parecer, no fue otro que Remberto Giménez) que pedía que “nadie se deje engañar por este seudocreador de una música nueva”.

Era solo el principio. Trataron después de ponerle un cocreador a la guarania. En un intento burdo por despojar a Flores de su paternidad, los aduladores del régimen llegaron al cinismo extremo de afirmar que la guarania había sido obra de otra persona. Desde el gobierno de turno procuraron enmudecer la voz libertaria de José Asunción. Lo denostaron. Quisieron hundirlo bajo el peso de montañas de ignominia. Pero no lo lograron. Fracasaron miserablemente. Ni cerca estuvieron de conseguirlo. Porque no es posible rasguñar un rayo de luz. Sus detractores están ahora enterrados y cuando se los recuerda brota el oprobio y resplandece amargamente el vilipendio. Por otra parte, al evocar al duende lírico de Punta Karapã afloran los vocablos maestro, genio, músico maravilloso, ser humano excepcional. Y endulzan nuestros oídos las notas de “India” o “Nde ratypykua”.

Sabemos que el amor a la patria lo llevó a meterse en las fauces del monstruo antropofágico de la guerra, en defensa del territorio invadido por Bolivia. Padeció la sed en aquellos cañadones chaqueños coagulados de pólvora y anegados de sangre. El amor hacia sus semejantes, su idealismo y deseos de justicia social, lo llevaron a abrazar el comunismo. Llevó la guarania al plano sinfónico. Grabó sus composiciones en Moscú.

Nadie duda de que fue un hombre libre y de talento. En su famoso Mensaje a la juventud, afirmó:

Más que mi música, pienso que mi legado a la juventud de mi patria es el esfuerzo por mantener una dignidad, una fe en el inexorable destino libertario del Paraguay.

Superponiéndose a la adversidad, Flores triunfó en los señoriales territorios de la música, la hermana mayor de todas las artes. Y lo hizo porque estaba marcado por el destino, porque –como afirma aquel célebre verso del poema matinal de Giuseppe Ungaretti– vino ya “iluminado de inmensidad”. 

De la mano de Clotilde Cabral Producciones y gracias al apoyo de la Secretaría Nacional de Cultura, el año pasado se estrenó mi obra de teatro titulada Flores del yuyal, con un gran elenco dirigido por Rayam Mussi. El texto –que mereció el premio literario Roque Gaona en el 2018– lo había escrito unos años antes. En estos días me he reencontrado con los libros que leí durante el proceso de gestación de esa obra y he vuelto a ver entre las numerosas páginas subrayadas algunas anécdotas de Flores que me parece que pintan por entero y definen una personalidad. 

Recuerdo, por ejemplo, su encuentro con Borges, en la oficina de Ben Molar. Aquella reunión, tan feliz como casual, que tuvo lugar en la década del 50, permitió que se llenaran de guaranias los oídos del indiscutido gigante de la literatura universal. Tampoco olvido la respuesta que José Asunción dio a Oscar Creydt cuando este lo fustigó por crear canciones de amor en lugar de componer música para homenajear a los grandes mártires de la cruenta batalla de Stalingrado. Y rememoro asimismo el momento en el que Agustín Barboza llegó hasta la calle Paraná, en Buenos Aires, y vio la casa que alquilaba Flores atacada por los golpes pendulares de una bola de demolición. Sospechando que el egregio inquilino se encontraba todavía en el interior, Barboza solicitó el inmediato cese del proceso de derrumbe. Acompañado del ingeniero a cargo de la demolición, golpearon la puerta y enseguida los atendió el maestro. 

José Asunción Flores. Génesis y verdad sobre la guarania y su creador (Buenos Aires, 1976), de Sara Talía; José Asunción Flores (El Lector 2013), de Alcibiades González Delvalle; José Asunción Flores, creador de la guarania (Servilibro, 2016) y Tributo a Flores (UniNorte, 2011), de Antonio V. Pecci, son algunos de los libros en los que nuestro músico es la figura central y que deberían ser leídos por quienes lo admiran y disfrutan de sus entrañables melodías. También en pasajes de “Memorias de un pychãi” (Atlas, 2007), del maestro Mauricio Cardozo Ocampo y en Ruego y camino (Fondec, 2012), de Agustín Barboza, se encuentran referencias interesantes sobre su vida y obra. 

Lejos ya del alcance de la maledicencia e injuria de sus detractores, lejos también del flagelo único del Trypanosoma cruzi, la figura de Flores no ha hecho sino agigantarse. La guarania alada, su creación cimera, ha visto a su semilla desperdigarse y multiplicarse en florestas melodiosas. Las composiciones de su autoría siguen siendo escuchadas. En Youtube hay cada vez más videos de guaranias. Numerosos creadores han compuesto piezas para el género creado por Flores, extendiendo de esa manera los límites de su legado. Y está bien que así sea.

*JAVIER VIVEROS 

Es autor de la obra : “Flores del yuyal”, galardonada con el Premio Roque Gaona de Literatura 2018. 

Escritor reconocido, Viveros nació en Asunción en 1977. Magíster en Lengua y Literatura Hispanoamericana por la UNA, ha transitado por diversos géneros entre los que pueden mencionarse: poesía, cuento, literatura infantil, guiones de teatro, historieta y cine. También compuso letras de canciones. Sus obras fueron premiadas tanto en el Paraguay como en el exterior. Es académico correspondiente de la Academia Paraguaya de la Lengua Española, y ex vicepresidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (2016-2018). 

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