- Por Patricia Benítez Rodríguez
- Periodista
- Fotos Luis Bogado
Cada vez que alguien menciona el nordeste brasileño, resuenan nombres como Salvador, Bahía, Recife o Pernambuco. Sitios que inmediatamente asociamos a playas de aguas transparentes, a inmensa arquitectura colonial, a ritmo, a color y a herencia afroamericana. Maravillosos escenarios naturales que Jorge Amado supo describir y eternizar, y que la televisión del Brasil contribuyó a popularizar.
Entre ambos estados, también sobre esa inconmensurable costa atlántica, se encuentra Maceió, la capital del estado de Alagoas, con un litoral de 230 kilómetros de playa de agua templada, agua que en verano ronda los 28 grados y no desciende de los 22 jamás. Bajo un sol que se mantiene radiante durante todo el año —y solo se esconde para dar paso a esporádicas lluvias tropicales—, la vida en el “Caribe brasileño” tiene tinte a verano eterno. Una dulce condena para quien, más allá del sol y las nubes, disfruta de la atmósfera costera, de la gastronomía marina, de la piel con sabor a sal y de las largas caminatas al atardecer.
Una de las maneras de llegar a la capital del estado de Alagoas es vía aérea. Primero, desde Asunción hasta San Pablo. Luego, en un vuelo interno de alrededor de tres horas de duración hasta el aeropuerto Zumbi dos Palmares, que queda a poco más de 25 kilómetros del destino final.
Como toda población dedicada al turismo —además de la plantación de caña de azúcar— Maceió cuenta con una gran propuesta hotelera, que se extiende a lo largo de la costa, principalmente entre los céntricos barrios de Pajuçara, Ponta Verde y Jatiuca. Hospedarse en cualquiera de los hoteles de estas zonas o alquilar algo vía Airbnb, es garantizar el sueño de quien viaja a la playa para desconectarse: despertar con vista al mar.
Lo mejor —aunque las ganas de quedarse en la cama un rato más se impongan durante las vacaciones— es arrancar el día temprano, para aprovecharlo al máximo. En esta época del año en Maceió el sol nace alrededor de las 5:30 y se esconde a las 17:00. La actividad en la playa y los paseos también están determinados por la marea, que sube y baja en momentos variables según el periodo del año. Por ello, se recomienda chequear las tablas de mareas —disponibles en internet o manejadas por los guías locales— antes de empezar el día de playa.
IR UN POCO MÁS ALLÁ
Es perfectamente posible pasar todas las vacaciones deambulando entre las playas céntricas de Maceió, reduciendo la vida a decisiones básicas, debatiéndose por ejemplo, entre milhos quentes y camarones apanados; cervezas heladas y capiriñas con vodka o cachaça (esta última puede resultar muy fuerte para los inexpertos, según advierten los vendedores ambulantes).
Cuando cae la noche y la marea crece, la actividad se repliega a unas cuadras de la costa, donde se concentran restaurantes, pizzerías, heladerías, cervecerías, bares, discotecas y otros sitios de esparcimiento a los que se llega a pie, sin inconvenientes. Tanto de día como de noche, es posible descubrir la ciudad caminando tranquilamente, ya que es muy amigable y segura.
Pero si ya llegamos hasta ahí —a más de 3.500 kilómetros de nuestro mediterráneo país— y disponemos de más de 250 kilómetros de playa a lo largo de una parte del Atlántico, las playas céntricas saben a poco. No hace falta viajar mucho para descubrir paraísos que acostumbramos ver en fondos de pantalla.
A solo 25 kilómetros de Maceió se encuentra Praia do Francés, una de las más concurridas de la zona, justamente por su cercanía a la capital. Existen una infinidad de agencias turísticas que ofrecen paseos a esta y otras playas, con idas y regresos en el día, inclusive. Además de los tours, es posible llegar a ellas utilizando el transporte público. Para eso bastan algunas indicaciones de los lugareños. Pero si lo que se busca es mayor comodidad e independencia, lo recomendable —sobre todo en caso viajar en un grupo de cuatro o cinco personas y contar con los documentos en regla— es alquilar un vehículo.
Hablar de las tonalidades del agua de Praia do Francés es casi como describir a todas las del nordeste. Su diferencia yace en que está dividida en dos zonas. Una de ellas es más apacible y está rodeada de arrecifes de coral que permiten la formación de piscinas naturales. En la otra, considerada algo más salvaje, se encuentran las olas favoritas de los surfistas. En esa área incluso se realizan competencias.
La segunda ciudad turística más frecuentada del estado de Alagoas es Maragogi, ubicada a unos 125 kilómetros de Maceió. La distancia no es mucha, pero debido a la gran cantidad de pequeños poblados, que se atraviesan en el camino los cuales exigen disminuir la velocidad constantemente —además de una balsa que se toma para evitar un tramo en mal estado—, se llega a destino en alrededor de dos horas y media. Este tiempo en ruta vale absolutamente la pena al cruzar el cartel de bienvenida a la ciudad y ver el paraíso. De todos modos, a lo largo del camino existen paradas casi obligatorias que aligeran el viaje. Entre ellas, la desierta Praia do Carro Quebrado a solo 40 kilómetros de Maceió y para la que se debe seguir un trecho de tierra.