Casi 40 mil almas de Colón arma­ron la fiesta en La Nueva Olla, pero el que ter­minó festejando fue Inde­pendiente del Valle. Todo era algarabía e ilusión para los sabaleros que coparon Barrio Obrero a la espera de la disputa de la primera final internacional de su historia, pero con el inicio del partido se les vino la tormenta, lite­ralmente.

El que supo sacarle mejor rédito al muy inestable campo de juego durante el primer tiempo fueron los ecuatorianos, que abando­naron su estilo y apostaron a las corridas de Dájome y Sán­chez para lastimar. Durante toda la noche estos dos deja­ron pagando a Vigo y Escobar, los laterales de Colón.

El primero de Independiente llegó cuando la tormenta arreciaba La Nueva Olla y de la cabeza de León tras un cen­tro desde la derecha en un tiro libre provocado por Dájome.

Tras la pausa de casi una hora que se dio para aguardar que la lluvia amaine, Colón salió un poco más y fue el que se adueñó de las acciones a puro empuje. Pero un contragolpe bastó para clavar una daga durí­sima a las aspiraciones san­tafesinas. Sánchez corrió a toda velocidad sobre la izquierda y no lo pudie­ron parar, cuando se metió al área le dio un puntín al balón y anotó el segundo.

Con esta envidiable ventaja y con el terreno de juego con menos señales de castigo por el agua, Independiente del Valle se dedicó a jugar en el segundo tiempo con mucha más tranquilidad.

El descuento de Olivera cerca del final le puso algo de suspenso al desenlace, pero este se terminó esfumando completamente con el tercer tanto de los ecuatorianos, marcado por Dájome.

El negriazul se “tomó revancha” de la final de la Copa Libertadores 2016 y alzó su primer trofeo inter­nacional; Colón esperó 114 años para esta final y, por ahora, deberá aguardar un poco más para estar en lo más alto de Sudamérica.