Martín Burt, PhD.

Director Ejecutivo Fundación Paraguaya

La Secretaría Técnica de Planificación mide la pobreza usando la llamada “línea de pobreza”. A grosso modo significa que, para no ser considerados pobres, las personas deben disponer de G. 650.000 por persona por mes en el hogar para comprar alimentos y lo básico para vivir. Es decir, una familia de cuatro integrantes, papá, mamá y dos hijos deben ganar G. 2.600.000 al mes para no ser considerados pobres.

En Fundación Paraguaya consideramos que hay que medir la pobreza “multidimensional” y no solo la pobreza de ingresos, ya que esta es engañosa. Además del ingreso, hay que medir el empleo, salud, educación, medio ambiente, cultura, vivienda, infraestructura, organización, participación, interioridad, y motivación. Paradójicamente, cuantos más indicadores se usan, es mas fácil identificar las fortalezas y las debilidades de cada familia.

A continuación, paso a relatar el caso de cuatro mujeres conocidas nuestras que ganan más que la “línea de pobreza”, pero igual siguen sufriendo muchas necesidades. Sus nombres han sido cambiados para respetar su privacidad.

Juana tiene 31 años y vive en una compañía de Botrell llamada Tacuapity con su marido y tres hijos de 16, 14, y 8 años. Ella trabaja como limpiadora en una escuela local donde le pagan G. 1.200.000 mensuales. Además, vende casa por casa productos de limpieza y gana unos G. 200.000. Su esposo trabaja en la zona como albañil y gana unos 2.000.000 al mes, totalizando el ingreso familiar, G. 3.400.000, lo que arroja. 680.000 per cápita. Si bien no es considerada pobre, cocina en el piso y no tiene heladera.

Elena en el Asentamiento 6 de Enero de Santa Rosa del Aguaray, está casada y tiene a su cargo dos nietos en edad escolar. Con el apoyo de su marido vende ropas y comida y genera G. 3.000.000 al mes, es decir, G. 750.000 per cápita. Su gran problema es una letrina en mal estado.

Julia vive en Cruce Liberación, tiene una casa propia/despensa con su marido, dos hijos mayores de edad y un nieto. Su ingreso mensual es de G. 2.000.000 y el de su marido e hijo, G. 1.800.000, totalizando el ingreso mensual familiar, G. 3.800.000. El ingreso familiar per cápita es de G. 760.000. Su problema es que no tiene cocina adecuada.

Finalmente, Estela tiene 55 años y vive en Potrero del Carmen con su marido y sus seis hijos de 24, 21, 19, 16, 13, y 11 años. Con la venta de ropas casa por casa gana G. 3.200.000 al mes. Su marido carpintero gana G. 1.920.000 al mes, sus dos hijos mayores mecánicos ganan G. 380.000 cada uno al mes, y una hija es empleada doméstica y gana G. 1.000.000 al mes. La familia gana en total, G. 6.880.000 a razón de G. 880.000 per cápita. Su gran problema es la letrina que usan.

Medir la pobreza monetaria es fácil, pero puede resultar incompleta, ya que deja de lado graves carencias que una familia puede sufrir. Como hemos visto, muchas familias tienen dinero, pero no cuentan con comodidades básicas en el hogar. De la misma manera, la “línea de pobreza” deja de lado muchas grandes fortalezas que sí tienen los hogares pobres, tales como salud, unión familiar, integración en comisiones vecinales, sentido de pertenencia, autoestima, y respeto a las tradiciones culturales, entre otros. Estas cosas son iguales o más importantes que el dinero.

La cuestión es hacer visible lo invisible. Que las familias y el gobierno aprendan a ver qué hay detrás de las paredes de las casas y ayuden a que cada hogar tenga un plan familiar para salir adelante.