Las grandes compañías del rubro de la confección no siempre fueron el resultado de grandes inversiones. Muchas nacieron en pequeños talleres sin nada de presupuesto, pero marcaron la diferencia por su perseverancia e innovación. Este es el caso de Florisk, una mediana empresa exportadora con vuelo propio.

La propietaria de este emprendimiento es Karina Correa, una joven y entusiasta emprendedora de 34 años que desde pequeña soñaba con ser diseñadora de modas. Y no era para menos, atendiendo a que proviene del seno de una familia de confeccionistas. Sin embargo, su travieso destino la llevó a transitar por caminos diferentes, que la alejaron en cierta forma de lo que ella más amaba: el diseño.

Su primera pasantía laboral la realizó en el Banco Amambay. El contacto con la gente, el buen clima laboral y las oportunidades de crecimiento personal y profesional que ofrecían a sus colaboradores terminaron por deslumbrarla a tal punto de que en pocos meses Karina deseaba en lo profundo de su corazón desarrollarse en el sistema financiero y convertirse en bancaria.

Precisamente, este fue el motivo que la impulsó a cursar más tarde la carrera de Administración de Empresas en la universidad y a trabajar paralelamente en una entidad financiera, en la que tardó poco más de un año en darse cuenta de que su verdadera vocación no era la administración, sino la confección. Así a los 20 años decidió independizarse y pensar en crear un negocio propio.

Las casualidades de la vida la pusieron frente a oportunidades que no podía rechaza. Por ejemplo, cuando unos amigos le pidieron que les confeccionara unas remeras para el torneo de fútbol que estaban organizando. “A pesar de que mi familia no trabajaba con este tipo de prendas, acepté el desafío y lo tomé como un reto personal. Entregué el pedido pronto recibí otros más”, mencionó. Así, luego de hacer cálculos e imbuida de un espíritu emprendedor creó Florisk, una empresa que comenzó con una inversión de G. 1.000.000 y que actualmente exporta prendas al exterior.

Anécdotas que fortalecen. Karina cuenta que antes de emprender su propio negocio se dedicaba a la venta de los productos que fabricaba su padre en la empresa familiar. Esto hizo que la emprendedora estuviera siempre en contacto con los proveedores y, que al momento de iniciar su emprendimiento, se le abrieran con facilidad las puertas, incluso, que le concedieran una línea de crédito para retirar las telas e hilos y empezar a confeccionar sus productos.

Dirigir su propia empresa no le resultó tarea fácil, sin embargo no bajó los brazos y continuó. Uno de los principales obstáculos fue la falta de un capital operativo que la respaldara, y, lo segundo, su juventud e inexperiencia que no se comparaba con la solvencia de su padre, a quien siempre consideró su guía, compinche y consejero inseparable. Hoy, el patriarca de la familia Correa se encuentra aquejado por la enfermedad del Alzheimer, y poco o nada se inmiscuye en las labores de la fábrica que quedó bajo la custodia de los hermanos de Karina.

“Cometí varios errores en mi afán de emprender, ya sea por mi inexperiencia y por seguir mis impulsos. Siempre trataba de decir sí a todo e incluso tomaba pedidos sin hacer bien los cálculos. Muchas veces perdía plata, otras veces ni siquiera me pagaban a tiempo. Esto hacía que la producción se retrase y desencadene en una serie de problemas. Pasé por varios obstáculos, pero nunca desvié mi mirada de la meta: vender y seguir creciendo”, sostuvo.

Lo que había comenzado en el 2005 en un modesto taller de la ciudad de Itá, con dos costureras y dos máquinas de coser se multiplicó y dio lugar a 60 nuevos puestos laborales directos. A esto se suman 3 talleres externos en Pirayú, Yaguarón e Ypacaraí, que trabajan de forma tercerizada para abastecer el stock de productos y pedidos en temporadas altas.

“Una de las satisfacciones de haber emprendido esto es ver que no sólo yo salgo beneficiada sino que a través de la fábrica muchas familias también lo son y más aún aquellas en las que son las mujeres, madres y cabezas de hogar”, manifestó.

La empresa cuenta con 3 líneas de uniformes: escolares, empresariales y para médicos. Karina trabaja con clientes mayoristas y multitiendas que disponen de varias sucursales a su vez, ya sea en Asunción, Coronel Oviedo, Encarnación y otros puntos del país.

Su capacidad de producción varía de acuerdo a la temporada. Por ejemplo, en verano ascienden a 2.000 prendas semanales entre camisas, jumpers, shorts y pantalones confeccionados para la línea escolar; mientras que para su línea corporativa fabrica alrededor de 500 prendas semanales, cantidad que también sufre modificaciones en cada trimestre.

La tercera línea es la de uniformes médicos, especialmente diseñada para odontólogos. Es el producto más cuidado por la emprendedora y al que está apostando fuertemente. El año pasado logró enviar el primer cargamento con este tipo de prendas al Brasil y ahora espera nuevos pedidos.

En 5 años más Karina se ve conquistando nuevos mercados con su tercera línea de producto y, por qué no, hasta liderando una nueva unidad de negocios. También confiesa su deseo de retomar su antigua pasión-el diseño de modas-, bordar, pintar sobre telas y crear nuevos modelos inspirados en las nuevas tendencias.

En la mente de Karina se gestan varias cosas a la vez, ella es una mujer dinámica, extrovertida e intrépida que sabe lo que quiere y lucha hasta conseguirlo. En este contexto, la emprendedora invitó a sus pares empresarios y, principalmente, a los jóvenes a tomar el desafío de hacer las cosas pensando en trascender y a formalizarse cuanto antes ya que ello supone innumerables beneficios y oportunidades de crecimiento asegurados.