El fortalecimiento de las actividades de comunicación pública de la ciencia y la tecnología es una de las recomendaciones que surgen del análisis de los resultados de la Encuesta Nacional de Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en Paraguay. El consultor internacional Carmelo Polino socializó los datos de este primer diagnóstico elaborado a nivel nacional.

–¿Cuál fue el objetivo de la Encuesta Nacional de Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en Paraguay?

–Esta encuesta, que se realizó a finales del 2016 por primera vez en Paraguay a instancia del Conacyt (Consejo Nacional del Ciencia y Tecnología), tuvo como objetivo conocer cómo la sociedad paraguaya percibe el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el país y, eventualmente, saber si se tiene algún tipo de expectativa respecto a que estas áreas puedan mejorar la calidad de vida o tener un impacto sobre la sociedad.

–¿Cuál fue el principal hallazgo?

–Hay varias cosas. Por un lado, nos encontramos con una sociedad que tiene una expectativa de un desarrollo científico tecnológico, que cree además que el futuro puede ser más promisorio respecto al desarrollo, y que la ciencia pede contribuir a ayudar y resolver problemas sociales. Por otro lado, esto se da en un contexto en el cual hay poco conocimiento por parte de la sociedad, respecto a cuáles son instituciones que hacen ciencia o investigación. También hay una suerte de falta de percepción de que la universidades son instituciones de investigación científica, en un contexto en el que el nivel de consumo de ciencia y tecnología es bajo, que no es en todos los casos por falta de interés.

–¿Cuáles son otros problemas que impiden el consumo de temas de ciencia y tecnología?

–Uno de los problemas es la falta de accesibilidad a sitios donde obtener información. Además las personas no conocen dónde buscar este tipo de contenidos. Entonces, el consumo informativo es bajo, si bien es verdad que todas estas cosas se distribuyen de manera muy diferente si estamos hablando en términos de niveles educativos o socioeconómicos. Evidentemente las personas de bajos recursos y menor nivel de educación tienen posibilidades mucho menores de apropiarse de la ciencia y la tecnología, de acceder a conocimientos especializados, y ahí hay un desafío.

–¿Por qué es importante hacer esta medición?

–Es importante medir esto por varias razones. Por ejemplo, instituciones como Conacyt que fomentan la investigación lo hacen con fondos públicos que sale de los impuestos que pagan los ciudadanos, entonces hay una rendición de cuentas necesaria, y hay una necesidad de incluir a la ciudadanía porque es lo que políticamente corresponde hacer. Pero además, saber lo que piensa la ciudadanía sobre una determinada área ayuda justamente a regular las políticas públicas. No solo son las expectativas de hacia donde debería avanzar la ciencia sino que también es estratégico. Saber que la sociedad tiene interés en temas de ciencia y tecnología puede ser un indicador relevante para decir que hay que apoyar iniciativas de comunicación de las ciencias y divulgación científica.

–¿Los resultados de Paraguay son similares a los de otros países?

–En varios de los indicadores de la encuesta Paraguay se mueve en la misma línea o en la misma trayectoria de los países de la región como, por ejemplo, en el nivel de interés de los contenidos en ciencia y tecnología. En cuanto al bajo conocimiento de instituciones científicas, sólo en ese caso Paraguay está bastante más abajo que otros países. Junto con Chile son los dos países donde menos se conoce sobre instituciones científicas. Pero en líneas generales, el bajo consumo a nivel informativo no es una característica solo de Paraguay, es regional. El reclamo de que la inversión en ciencias tendría que aumentar, también es una característica compartida. Si haríamos una comparación entre Europa y Estados Unidos, los resultados son muy diferentes a lo que nos muestran las encuestas de la región.