Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China han afectado negativamente a los consumidores y a muchos productores de ambos países. Los aranceles han provocado una disminución del comercio entre Estados Unidos y China, pero el déficit comercial bilateral se mantiene prácticamente sin variación. Aunque por el momento las repercusiones sobre el crecimiento mundial son relativamente escasas, la reciente intensificación del conflicto podría minar la confianza en los mercados financieros, perturbar las cadenas de suministro mundiales y poner en peligro la recuperación prevista del crecimiento mundial en 2019.

Evolución del comercio en Estados Unidos y China

El aumento de los aranceles estadounidenses a 25% sobre USD 200.000 millones anuales de importaciones chinas el 10 de mayo, unida a las represalias anunciadas por China, ha intensificado las tensiones comerciales entre ambos países.

Los efectos de los aranceles impuestos anteriormente por Estados Unidos y las subsiguientes represalias de China ya se palpan en los datos sobre comercio. Tanto los dos países directamente implicados como sus socios comerciales se han visto afectados por el aumento de aranceles.

En 2018, Estados Unidos impuso sucesivamente aranceles a tres «listas» de productos procedentes de China, lo cual afectó primero a importaciones anuales por valor de USD 34.000 millones, posteriormente a otros USD 16.000 millones y, por último, a USD 200.000 millones más. Como consecuencia, se ha producido una caída bastante fuerte de las importaciones estadounidenses procedentes de China en los tres grupos de productos sujetos a aranceles.

En los casos en que pasó un tiempo entre el anuncio y la aplicación de los aranceles, como el de las listas de USD 16.000 millones y USD 200.000 millones, o se preveía una introducción gradual del incremento arancelario, como en el caso de la lista de USD 200.000 millones, observamos un aumento del crecimiento de las importaciones con anterioridad a la fecha de entrada en vigor. Ello indica que los importadores se abastecieron antes de la imposición de aranceles, lo cual explica que la posterior caída de las importaciones fuese mayor.

Cuando China introdujo los aranceles de represalia, las exportaciones de Estados Unidos a China también disminuyeron. Si bien, en este caso, la dinámica de anticipación no es evidente, en general, el crecimiento de las exportaciones estadounidenses a China ha sido más débil desde el inicio de las tensiones comerciales.

Consecuencias para los consumidores

Sin duda, quienes salen perdiendo con las tensiones comerciales son los consumidores de Estados Unidos y China. Los estudios realizados por Cavallo, Gopinath, Neiman y Tang a partir de datos sobre precios de la Oficina de Estadísticas Laborales relativos a las importaciones procedentes de China concluyen que los ingresos por aranceles fueron sufragados prácticamente en su totalidad por los importadores estadounidenses. La variación de los precios en la frontera (sin aranceles) de las importaciones procedentes de China fue mínima, pero se registró una fuerte subida de los precios de importación post-aranceles, por valor equivalente al del arancel.

Algunos de estos aranceles, como los de las lavarropas, han repercutido en los consumidores estadounidenses, mientras que otros han sido absorbidos por las empresas importadoras, que han visto reducidos sus márgenes de beneficios. Un nuevo aumento de los aranceles probablemente también se trasladaría al consumidor. Aunque los efectos directos sobre la inflación quizá sean débiles, sí podrían tener consecuencias de carácter más general, a través del incremento de los precios de los competidores internos.

Consecuencias para los productores

En el caso de los productores, las consecuencias son más variadas, con algunos ganadores y muchos perdedores. Ciertos productores estadounidenses y chinos de bienes que compiten en mercados internos afectados por los aranceles, así como los competidores exportadores de terceros países, pueden salir ganando. En cambio, los productores estadounidenses y chinos de bienes afectados por los aranceles, así como los productores que utilizan dichos productos como insumos intermedios, pueden salir perdiendo.

La desviación de corrientes comerciales es uno de los canales a través del cual se ven afectados los productores. Los datos estadounidenses bilaterales agregados sí indican que se ha producido dicha desviación, puesto que parece que la disminución de las importaciones procedentes de China se ha compensado con un incremento de las importaciones procedentes de otros países.

Por ejemplo, las importaciones estadounidenses procedentes de México han aumentado significativamente en el caso de algunos de los productos sobre los cuales Estados Unidos impuso aranceles. Tras la entrada en vigor de la lista de USD 16.000 millones en agosto, la fuerte caída de las importaciones procedentes de China, por valor de casi USD 850 millones, prácticamente se compensó con un aumento de aproximadamente USD 850 millones de las procedentes de México, lo cual dejó casi sin variación las importaciones totales de Estados Unidos. Por lo que se refiere a países como Japón, Corea y Canadá, se observan leves incrementos de las importaciones estadounidenses con respecto a los niveles de septiembre-noviembre de 2017. Evidentemente, es posible que los datos agregados oculten otros factores impulsores de los modelos de comercio bilateral, como el uso de existencias (por ejemplo, la variación de las importaciones procedentes de terceros países fue mínima o nula en el caso de los dispositivos semiconductores fotosensibles).

El otro canal a través del cual los productores pueden verse afectados es la segmentación del mercadoen el precio de los bienes comerciados. Este hecho se evidenció en el caso de la soja; en 2018, las exportaciones estadounidenses a China cayeron drásticamente cuando China impuso aranceles. En 2017, Estados Unidos había sido el principal abastecedor de soja de China, junto a Brasil. Debido a los aranceles, el precio de la soja estadounidense se hundió, mientras que el de la soja brasileña aumentó; las exportaciones estadounidenses de este producto a China cayeron hasta situarse casi en cero, mientras que las de Brasil registraron una tendencia alcista. Aunque, desde entonces, los precios han vuelto a converger y, en cierta medida, se han reanudado las exportaciones de soja a China, los productores de soja estadounidenses lo pasaron mal, mientras que los de Brasil se beneficiaron de la desviación de corrientes comerciales y la segmentación del mercado.

Las repercusiones sobre los productores estadounidenses con una exposición significativa a los mercados chinos también se reflejaron en las valoraciones bursátiles. Por ejemplo, la evolución de los precios de las acciones de las empresas estadounidenses con grandes ventas a China fue inferior al de los negocios estadounidenses expuestos a otros mercados internacionales, tras la entrada en vigor de los aranceles vinculados a la lista de represalias de USD 34.000 millones de China.

La brecha se redujo a comienzos de 2019, con la tregua comercial. Pero se volvió a abrir tras el anuncio en Twitter de que Estados Unidos aumentaba los aranceles a 25% para la lista de los USD 200.000 millones.

Consecuencias macroeconómicas

La escalada de aranceles bilaterales entre Estados Unidos y China ha tenido efectos limitados sobre su saldo comercial bilateral. De hecho, en 2018 el déficit comercial de Estados Unidos se incrementó conforme aumentaron las importaciones procedentes de China, en parte debido a la anticipación al aumento de aranceles. A marzo de 2019, se observa un leve descenso, pero las exportaciones estadounidenses a China también disminuyen.

En efecto, los factores macroeconómicos , como la demanda y la oferta agregadas relativas en los países socios y los factores impulsores subyacentes, influyen mucho más que los aranceles en los saldos comerciales bilaterales.

A nivel mundial, los efectos adicionales de los aranceles recientemente anunciados y los nuevos aranceles previstos entre Estados Unidos y China, que se espera que se propagarán a todo el comercio entre los dos países, restarán aproximadamente un tercio de un punto porcentual al PIB mundial a corto plazo, y la mitad de esa cifra será atribuible a los efectos sobre la confianza en empresas y mercados. La Nota de Supervisión del G-20, que el FMI divulgará a comienzos de junio, brindará más detalles. Estos efectos, si bien son ahora relativamente moderados, vienen a sumarse a los aranceles ya aplicados en 2018.

Asimismo, la no resolución de las diferencias comerciales y su intensificación en otros ámbitos, como el sector automotor, que afectaría a varios países, podría minar aún más la confianza de las empresas y de los mercados financieros y afectar negativamente las monedas y los diferenciales de bonos de los mercados emergentes, además de debilitar la inversión y el comercio.

A su vez, el aumento de las barreras comerciales podría perturbar las cadenas de suministro mundiales y frenar la expansión de nuevas tecnologías, lo cual terminaría por reducir la productividad y el bienestar mundiales. Nuevas restricciones a la importación harían menos asequibles los bienes de consumo comerciables, lo cual perjudicaría desproporcionadamente a los hogares de bajo ingreso. Un escenario tal es una de las razones por las que nos referimos a 2019 como un año delicado para la economía mundial.

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