En medio de las crecientes tensiones que rodean el comercio internacional, la expansión mundial general que comenzó hace más o menos dos años ha perdido el ímpetu y el equilibrio. Seguimos proyectando tasas de crecimiento mundial de apenas 3,9%, aproximadamente, para este año y el próximo, pero estimamos que el riesgo de que los resultados sean peores se ha acrecentado, incluso a corto plazo.

En términos generales, el crecimiento conserva el vigor en las economías avanzadas, pero se ha enfriado en muchas; tal es el caso de Japón, el Reino Unido y la zona del euro. Por el contrario, el PIB continúa creciendo con más rapidez que el potencial y la creación de empleo sigue siendo robusta en Estados Unidos, en gran medida gracias a los recientes recortes de los impuestos y el aumento del gasto público. Ahora bien, las proyecciones indican que incluso el crecimiento estadounidense se desacelerará en los próximos años, una vez que la dilatada recuperación cíclica toque a su fin y los efectos del estímulo fiscal pasajero se desvanezcan. En las economías avanzadas, proyectamos un crecimiento de 2,4% para 2018; es decir, 0,1 puntos porcentuales menos de lo previsto en la edición de abril de Perspectivas de la economía mundial. Mantenemos invariable el pronóstico de 2,2% de crecimiento en 2019 para ellas.

En las economías de mercados emergentes y en desarrollo como grupo, aún prevemos tasas de crecimiento de 4,9% en 2018 y 5,1% en 2019. Sin embargo, estos porcentajes agregados ocultan cambios diferentes en las evaluaciones individuales de los países.

China seguirá creciendo tal como preveíamos. En algunas economías grandes de América Latina, en economías emergentes de Europa y en Asia, prevemos ahora tasas de crecimiento inferiores a las de abril. Los trastornos del suministro y las tensiones geopolíticas han contribuido al alza de los precios del petróleo, lo cual beneficia a los exportadores (por ejemplo, Rusia y los productores de Oriente Medio), pero perjudica a los importadores (India, por ejemplo). Dentro del conjunto de las economías de mercados emergentes, las revisiones al alza y a la baja en gran medida se compensan.

En general, el crecimiento de África subsahariana superará el de la población en los próximos dos años, empujando al alza el ingreso per cápita de muchos países, pero a pesar de la recuperación parcial de los precios de las materias primas, el crecimiento no alcanzará los niveles observados durante el boom de las materias primas de la década de 2000. En África, sucesos negativos como el conflicto civil o los shocks meteorológicos podrían intensificar la presión a la emigración, sobre todo hacia Europa.

La política de la Reserva Federal y las tensiones comerciales

Como de costumbre, la política de la Reserva Federal es decisiva para la evolución de la situación financiera internacional. Dado el vigoroso nivel de empleo y el avance de la inflación, la Reserva Federal se prepara para continuar subiendo las tasas de interés durante los próximos dos años, adoptando una orientación más restrictiva que la de otras economías avanzadas y fortaleciendo el dólar de EE.UU. El dólar ya se ha apreciado ampliamente desde abril, y las condiciones financieras que enfrentan las economías emergentes y de frontera son ligeramente más constrictivas. Aun así, esas condiciones continuarán siendo relativamente favorables en términos históricos, y por el momento los mercados siguen diferenciando entre prestamistas; las presiones en las cuentas de capital son particularmente intensas para las economías con debilidades evidentes (por ejemplo, incertidumbre política o desequilibrios macroeconómicos). Ahora bien, si la Reserva Federal restringiera la política monetaria con más rapidez de lo previsto ahora, un mayor número de países podrían sentir presiones más agudas.

Pero el riesgo de que las tensiones comerciales recrudezcan —con efectos adversos en la confianza, los precios de los activos y la inversión— constituye el peligro a corto plazo más grave para el crecimiento mundial. Los desequilibrios mundiales en cuenta corriente probablemente se profundicen debido al aumento relativamente elevado de la demanda en Estados Unidos, exacerbando potencialmente las fricciones. Estados Unidos ha iniciado medidas comerciales que afectan a una amplia variedad de países y se enfrenta a represalias o amenazas de represalia por parte de China, la Unión Europea, los socios del TLCAN y Japón, entre otros. Nuestro modelado hace pensar que, si las amenazas actuales se hacen realidad y hacen caer la confianza de las empresas, el producto mundial podría ubicarse alrededor de 0,5% por debajo de las proyecciones actuales para 2020. Como centro de las represalias internacionales, Estados Unidos está expuesto a la tributación de un porcentaje relativamente alto de sus exportaciones en los mercados mundiales si el conflicto comercial se generaliza, y por ende es especialmente vulnerable.

Incertidumbre política, mercados despreocupados

Otros riesgos son ahora más pronunciados que en el momento de la publicación de nuestros pronósticos de abril. La incertidumbre política ha recrudecido en Europa, donde la Unión Europea enfrenta dificultades políticas fundamentales en cuanto a la política migratoria, la gobernanza fiscal, las normas relacionadas con el Estado de derecho y la arquitectura institucional de la zona del euro. Las condiciones en torno al brexit continúan sin decidirse a pesar de meses de negociación. Las transiciones políticas que vivirá América Latina en los próximos meses agudizan la incertidumbre. Por último, aunque los peligros geopolíticos parecen estar en remisión, los factores que los impulsan aún están en juego en muchos casos.

Los mercados financieros parecen estar más bien despreocupados de estas contingencias; en muchos países, las valoraciones son elevadas y los diferenciales están comprimidos. Con todo, el alto nivel de deuda pública y privada representa al mismo tiempo una fuente general de vulnerabilidad. Indudablemente, los precios de los activos están sustentados no solo por las condiciones financieras favorables, sino también por un panorama de crecimiento mundial que aún es, en general, satisfactorio. Por ende, son susceptibles a una revaloración repentina si el crecimiento y las utilidades empresariales previstas sufren un tropiezo. Para respaldar el crecimiento a mediano plazo —teniendo en cuenta que las tasas de crecimiento tendencial serían más bajas en las economías avanzadas y en muchos exportadores de materias primas—, es necesario que las autoridades actúen ahora para incrementar el potencial de crecimiento y afianzar la resiliencia a través de reformas, reconstituyendo al mismo tiempo los márgenes fiscales de protección y guiando la política monetaria con cuidado para mantener las expectativas de inflación bien ancladas en las metas.

Equidad económica, cooperación internacional

Los gobiernos también deben prestar más atención a la equidad económica entre los ciudadanos y, sobre todo, proteger a los más pobres. El descontento político generalizado que alimenta muchos de los actuales riesgos para la política económica, incluso en el ámbito del comercio internacional, tiene sus raíces en las experiencias de varios países con un crecimiento no incluyente y la transformación estructural, acentuadas por la crisis financiera de 2007–09 y las dificultades que le siguieron. Es urgente corregir las tendencias subyacentes a través de políticas que promuevan la equidad y el crecimiento, cerciorándose al mismo tiempo de contar con herramientas macroeconómicas para hacer frente a la próxima desaceleración económica. De lo contrario, el futuro político no podrá sino ser más sombrío.

Al hacer frente a estos retos, los países deben resistir una filosofía aislacionista y recordar que la cooperación multilateral es vital frente a un abanico de problemas de interés común. Las cuestiones de interés común —ante las cuales el accionar nacional no basta— abarcan el fortalecimiento del sistema multilateral de comercio internacional, la reducción de los desequilibrios mundiales excesivos, la política de estabilidad financiera, la política tributaria internacional, el ciberterrorismo y otras amenazas terroristas, el control de las enfermedades y el calentamiento del planeta. Asimismo, se necesita un esfuerzo verdaderamente internacional para reducir la corrupción, que socava la fe en el gobierno en tantos países. Por último, los repetidos estallidos de presión migratoria internacional, que últimamente resultaron tan desestabilizantes en términos políticos, no podrán evitarse sin una actuación concertada encaminada a mejorar la seguridad internacional, respaldar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y resistir el cambio climático y sus efectos.