Un hombre solidario como pocos, médico y poeta, Carlos Federico Abente falleció a los 103 años en la República Argentina, donde vivió desde temprana edad.
Conocido por ser coautor junto a José Asunción Flores, de la guarania “Ñemity”, su obra mayor fue sin embargo, el haberse convertido en refugio de miles de compatriotas que durante décadas golpearon la puerta de su casa o la del Hospital Alvear donde prestó servicio durante años, para solicitar un plato de comida o una cama donde descansar.
Nació en Isla Valle, Areguá, el 6 de setiembre de 1914. Era hijo de Juana Deolinda Bogado e Isidro Julián Abente. De pequeño viajó a la Argentina con su madre y su padrastro, estudió en el Colegio del Uruguay Justo José de Urquiza, de Concepción del Uruguay, y medicina en la Universidad de Buenos Aires, egresando como doctor en Medicina en 1942. Se casó con Eva García Parodi, con quien tuvo tres hijos: María Estela, María Eva, y Carlos Ramón.
Augusto Roa Bastos dijo en el prólogo de “Che kirirî asapukái haguã”: “A este hombre formado en el sufrimiento de sus semejantes a los que ha dedicado su ciencia y sus desvelos, la poesía le ha dado un refugio que es a la vez presagio y memoria; a este hombre cortado de su pueblo y que ha vivido en exilio durante casi toda una vida, la poesía le ha permitido vivirla toda entera en la verdadera patria que es la lengua natal”.
DE UNA LEGIÓN DE HÉROES CIVILES
Por su parte, la Sociedad de Escritores del Paraguay, dirigido por Bernardo Neri Farina, emitió un comunicado que sostiene: “La Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) expresa su duelo por el fallecimiento del doctor Carlos Federico Abente, poeta y filántropo, el último exponente de aquella gloriosa generación de paraguayos afincados en Buenos Aires para desde ahí honrar a nuestra Patria. De aquella legión de Erico, José Asunción Flores, Hérib Campos Cervera, Elvio Romero, Herminio Giménez y otros héroes civiles, quedaba don Carlos, quien ahora partió a los 103 años de edad. Nos deja como legado tantas obras, entre ellas la letra de “Ñemity”, sobre música de Flores. Lo recordamos con estos versos que le dedicara Augusto Roa Bastos en 1947: “Yo te conozco en todos los amigos / porque el color de tu amistad les diste / y en todos ellos tu presencia existe / como el color del sol sobre los trigos”.
Desde Estados Unidos, la investigadora Teresa Méndez Faith, hija de Epifanio Méndez Fleitas dice con tristeza: “Los grandes no mueren; quedan en el recuerdo de los vivos, inscriptos en sus obras para la eternidad y la memoria... QEPD este insigne poeta, pionero y maestro, amigo y “sanador-salvador” incondicional de muchos compatriotas que por razones políticas (como mi padre) o económicas, se vieron obligados a dejar el país y vivir y hasta morir lejos de la Patria. Gracias de corazón al Dr. Abente por toda una vida al servicio de tanta gente; que Dios se lo pague, por eso y por su gran aporte al corpus literario de nuestra Patria. Paz en su tumba. Nuestras más profundas condolencias a su esposa, sus hijos, toda su familia y seres queridos...
INTERNADOS PARA COMER
El libro “Carlos Federico Abente, el sembrador de poesía”, una biografía escrita por Mario Rubén Álvarez y editado bajo el sello de Servilibro, tiene decenas de anécdotas que pintan de cuerpo y alma al coautor de “Ñemity”.Esta es una de las más hermosas: “Algunos músicos paraguayos, en las décadas de 1930-40 eran muy pobres en Buenos Aires. Hombreaban bolsas en el puerto. Eran desnutridos. Iban a consultar en el Hospital Alvear con Carlos. Él les internaba los viernes y les prescribía una dieta. Dieta para comer bien, sustancioso. Y el lunes les daba de alta advirtiéndoles: Anínteke voiete rejujeytei, jajepillárõ kóva opáta. Un tiempo después volvían para lo mismo sin que nadie les reconozca”.
“Hemos perdido a un gran humanista
”MARIO RUBÉN ÁLVAREZ
Escritor y biógrafo
Con la partida de Carlos Federico Abente el Paraguay pierde a uno de los últimos grandes vinculados a la música paraguaya en la Argentina. Más allá de eso, hemos perdido a un gran humanista, un hombre solidario con sus compatriotas y con los argentinos, un paraguayo que, si bien se afincó desde los cuatro años en el vecino país, siempre vivió muy cerca de su patria. Kuimba’e yvyra apytere. Un paraguayo de ley.
Era un hombre apasionado de cuanto hacía. Por eso su vida fue apasionante. Para no perder su lengua materna, el guaraní, hacía discursos subido a una silla en el internado de Concepción del Uruguay (Provincia de Entre Ríos, Argentina). Ya anclado en el puerto de Buenos Aires, donde fue a estudiar Medicina, se conectó a músicos, poetas y compositores paraguayos. Allí se desperezó su lengua originaria adormilada y adquirió esplendor en su poesía en guaraní, aunque también escribió en español.
Su obra cumbre es la guarania “Ñemitÿ”, con música de José Asunción Flores, su entrañable amigo. Allí expresa su deseo de que el Paraguay siembre concordia, progreso y bienestar para todos sus hijos, los de adentro y los arrojados afuera por la intolerancia política.
Carlos fue grande al lado de una gran mujer, la santaniana Eva García Parodi, ahora viuda de Abente. Él me honró con la dicha de ser su biógrafo en “Carlos Federico Abente, sembrador de poesía” y el seleccionador de sus versos en una antología. Y de ser mi hermano mayor: me llamaba che ryvy. Nos encontramos en una encrucijada de la vida y nos apreciamos desde el alma en el compartido oficio de la palabra.

