En la semana que termina, la can­tidad de personas que acudie­ron y acuden a recibir sus vacu­nas para evitar el coronavirus ha aumentado significativamente, lo que causó el inconveniente de la escasez de dosis y la consecuente suspensión de las vacunaciones en algunos departamentos y también hospitales o vacunatorios de Asunción y Central.

La afluencia de personas mayores de 65 años hizo que muchas más se acercaran a los vacunatorios debido justamente a que en esa franja etaria se encuentra un gran número de ciudadanos y ciudadanas que forman parte de la fuerza laboral activa en muy alta proporción, o son jubilados pero mantienen un ritmo de vida más activo y menos dependiente de terceros, como ocu­rre generalmente con las personas de más de 75 u 85 años.

Sin embargo, para mañana se prevé la lle­gada de 250 mil dosis de Sinopharm, pro­venientes de Emiratos Árabes Unidos, lo que permitirá que se continúe con el operativo de vacunación que avanza len­tamente, pero no se detiene. Según las autoridades sanitarias, de colocarse todas esas dosis en la semana a partir del lunes o martes, se llegaría a una cobertura total del 5% de la población, lo que nos sigue dejando muy atrás en el ranking de los paí­ses y su cobertura, pero no totalmente ale­jados de la posibilidad de avanzar en las inmunizaciones. Cabe recordar que para que se considere que un país está en condi­ciones óptimas para enfrentar al covid-19, por lo menos el 70% de su población debe­ría estar inmunizada con dos dosis de los biológicos.

Por ello y enfrentando la realidad de un alto nivel de contagios diarios y una ocu­pación muy alta de los servicios de salud, tanto de terapia intensiva como interme­dia y salas comunes, es necesario reforzar, además de las vacunas, la conciencia ciu­dadana para enfrentarnos a los momentos difíciles. En ese sentido, todas las medidas de autocuidado son importantísimas, así como la decisión de acudir a los vacuna­torios y recibir la dosis del biológico tan necesaria.

Existen aquí, como en casi todo el mundo, personas que realizan campañas constan­tes a través de las redes, destinadas a desa­creditar el valor de las vacunas en la lucha contra el covid-19. Esos activistas, ya sea en grupos o solitarios, anuncian todo tipo de tragedias a las personas que acuden a vacunarse, sin recordar que gracias a las vacunas la humanidad se ha librado de epi­demias y terribles e incurables enfermeda­des como la viruela y otras graves afeccio­nes que dejaron secuelas de por vida, como la poliomielitis, por nombrar solo algunas de ellas.

La ciencia ha mostrado muchas veces a lo largo de la historia que es el camino correcto para combatir los males que aquejan a las personas, evitando verdade­ras tragedias como las ocurridas en siglos anteriores y también lo está haciendo ahora, con los esfuerzos para llegar al corazón de esta grave afección que nos afecta en forma de pandemia.

Por ello es necesario aumentar nuestra capacidad de análisis y comprensión de la realidad, dejando de lado los pensamien­tos negativos o las teorías conspiraticias para asumir nuestra parte de responsabi­lidad en la convivencia social, con empa­tía y solidaridad hacia los demás y también con un comportamiento acorde a lo que nos exige este tiempo difícil que estamos atravesando.

Cumplir con el cuidado personal y en el grupo familiar o laboral evitar el contagio utilizando las sencillas pero efectivas for­mas como el lavado frecuente de manos, la distancia social real y el uso correcto de tapabocas. Es básico y obligatorio para todos, aunque estemos inmunizados con una o dos dosis de la vacuna. El no bajar la guardia nos hará más fuertes y capaces de vencer al virus evitando el contagio propio o el de los demás.

Las vacunas son seguras armas de lucha y eso se ha demostrado ahora en países que han alcanzado un alto nivel de cobertura, las muertes y la gravedad de la enferme­dad han disminuido en forma más que elo­cuente. Por ello, hay que continuar en esa senda de la mano de la ciencia para lograr un futuro, esperemos cercano, en el que podamos sentirnos y vivir más libremente y sanos.

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