Casi con la llegada del covid-19 a nuestras vidas, la percepción de la situación económica entre los consumidores paraguayos decreció, por debajo de los 50 puntos en el índice de confianza. Mientras en marzo del 2020 este indicador se mantenía en niveles aceptables, para abril el consumo cayó al rango de pesimismo, como resultado de las estrictas restricciones sanitarias impuestas con el inicio de la cuarentena.

Esa situación fue un golpe mortal para los ingresos de las empresas y las personas, alrededor de 7.000 empresas comunicaron al Ministerio de Trabajo la suspensión de contratos laborales, el 79% de ellas fueron micro, pequeñas y medianas empresas, es decir, el mayor impacto se produjo en el sector servicios, que es el que más aporta en materia de fuentes de trabajo, además se calcula que solo por el efecto de la pandemia perdieron su empleo alrededor de unas 400 mil personas. La apertura de la frontera con Brasil, el reinicio de las operaciones aéreas para pasajeros y la flexibilización de muchas actividades se constituyen en una luz en el túnel, a pesar de que el consumo se mantiene deprimido, en nivel de 43,6 puntos, sin cambios respecto al mes anterior y todavía en un rango desesperanzador.

Desde este jueves 15 de octubre que se abrió la frontera, miles de paraguayos y brasileños cruzaron al otro lado para desarrollar actividades que dejaron ingresos, lo cual resulta alentador luego de siete meses de necesaria restricción sanitaria y una drástica caída de los ingresos. Así en Salto del Guairá con la reapertura de la frontera con Brasil, fueron recontratadas 3.800 personas de las 6.000 que habían perdido sus puestos de trabajo a causa de la pandemia, una situación similar se vive en las otras ciudades comerciales fronterizas con Brasil.

Asimismo, el anuncio de que el próximo miércoles 21 de octubre se reanudarán los vuelos comerciales y con al menos cuatro tasas aeroportuarias exoneradas, se renuevan las expectativas porque es un espaldarazo para recuperar a la industria del turismo aéreo y con ello todos los beneficios económicos y sociales que vienen aparejados con la medida.

El retorno a la nueva normalidad y retomar el ritmo comercial –al menos del 2019, que a pesar de arrastrar una desaceleración económica es un mejor escenario que el actual– tomará aún un tiempo. Los servicios gastronómicos, los centros comerciales, entre otros que desde hace un tiempo vienen funcionando, saben bien que reapertura no significa volver al mismo nivel de ingresos anteriores a marzo de este año, pero también indica el aprendizaje para fortalecer los modelos de negocio bajo circunstancias difíciles, de tal forma que permitan mantener el atractivo del consumo.

La empatía de ciertos sectores financieros sigue siendo una pata coja, que impide apuntalar por completo al sostenimiento de los comercios que continúan peleando en medio de la difícil situación y aquellos que requieren incentivos para salir de la suspensión de actividades.

En este punto, la ecuación tiene tres elementos, los comercios deben mantener alto el nivel de confianza sanitaria que perciben los consumidores, que los persuada a repetir la compra. El apoyo social del Estado a los sectores más vulnerables, así como ampliar las estrategias que brinden un peldaño a las empresas que están en condiciones de salir de la suspensión productiva y subir nuevamente al ámbito del trabajo, lo que implícitamente significa brindar fuentes de empleo.

El tercer elemento es algo reiteradamente conocido, nuestra responsabilidad ciudadana de respetar los protocolos para mutuamente brindarnos mayor seguridad sanitaria, que a su vez redunde en retomar la vida en el marco de las normas que nos impone la nueva normalidad. La resolución de esta ecuación dará un nuevo impulso económico, donde uno de los elementos clave es cumplir con la seguridad sanitaria, para que todos retomemos la confianza de volver a hacer vida más allá de nuestras casas.

Dejanos tu comentario


Encuesta finalizada
¡Gracias por participar!

Click para votar