¿Será que en el Paraguay se sigue sin ganar o perder repu­tación? ¿Será que en el Para­guay existe la “Reputación”? Será que la hemos perdido definitivamente y que seguimos guiándonos por la ley de la impunidad del correligionario, aquel prin­cipio que esgrimía un caudillo republicano de que si el que mete la mano en la lata es un opositor, comete un gravísimo delito, mien­tras que si se trata de un correligionario, comete una travesura o un error insignifi­cante y perdonable.

No cabe la menor duda, por el accionar, como si no pasara nada, que para el señor Casti­glioni no pasó nada, mientras que para la mayoría se considera que debería ser despo­seído de sus inmunidades, y/o impunidades del –para todos, culpable de hecho y de dere­cho– ex canciller, por traidor a la patria, que, dado el cargo que ejercía, le da mayor grave­dad a la culpa. En vez de estar defendiendo los intereses del país, los estaba rematando al primer postor que se presentara.

Los acontecimientos inmediatos al respecto de un asunto tan grave como la “traición a la patria” cuando cumplía funciones en su representación, agravando el peso del delito.

Corto y perezoso, como suele ser, el canciller se hizo humo, larga siesta de por medio, con el fin de que se apaciguaran las aguas y todo volviera a la monotonía de la siesta para­guaya donde la memoria se diluye.

Tras ser descubierto in fraganti, cuando estaba por vender un buen pedazo de la patria, ya empaquetado y facturado a cierto capital brasileño, el ex canciller Castiglioni se tomó unos días de descanso, sin duda “estresado” por el negocio frustrado cuando la plata ya estaba prácticamente en el bolsi­llo y el incansable viajero a punto de disfru­tar de la fresca viruta.

Cuando ya todos daban por hecho que era canciller kue, defenestrado por el escándalo de vendepatria como información vergon­zosa y vergonzante para todo el país, pero al menos para él no “había sido que”, estresado seguramente porque le frustraron la venta de un pedazo de patria al mejor postor, agotado y siguiendo su costumbre de incansable dur­miente de la Cancillería, y conociendo sus cos­tumbres, se había echado nomás una siestita, ya se conoce el estilo “noni noni”, y reapareció de pronto, como si no hubiera pasado nada y todo siguiera igual, y se fue a controlar cómo estaba su oficina en el Congreso y a ocupar su banca de senador… En fin, cerró el expediente del intento de robo al Paraguay, ofertando parte de su riqueza al mejor postor. Todo el alboroto causado en el país, los escándalos y acusaciones de vendepatria de los vendedo­res clandé de la energía de Itaipú a precio de oferta, todo por lo visto quedó en el olvido para Castiglioni, como si nada hubiera pasado, olvi­dado de los hechos tras una profunda siesta.

Y ahí estaba en pleno Congreso recorriendo las instalaciones, observando las condicio­nes de su oficina… En fin, como si siguiera siendo el senador Castiglioni y no el estafa­dor Castiglioni, canciller vendepatria que quiere seguir en funciones, es decir ven­diendo la patria.

Capaz que pretenda que debemos pedirle disculpas por haberle arruinado el negocio, y, encima, las vacaciones que pensaba tomarse para festejarlo, y capaz que presente una pro­testa porque no se ha mantenido su despacho debidamente custodiado mientras él se repo­nía con una buena siesta.

En fin, habrá que esperar a que se despierte el lunes y tenga ganas de rendirle cuentas al país sobre su diplomacia fatocrática.