La gran mayoría de los altos funcio­narios del nuevo gobierno se han llenado la boca con discursos a favor de la transparencia y la ins­titucionalidad. Esta gran mayoría también, por supuesto, ha caído en permanentes con­tradicciones porque lo que se inauguró el 15 de agosto del 2018 no es precisamente el “Gobierno de la gente”, sino el “Gobierno de nuestra gente”.

Se entenderá por “nuestra gente” toda aque­lla masa prebendaria que se ha hecho sentir en las internas y en las generales trabajando por las candidaturas.

En ninguna otra institución de la República del Paraguay la prebenda o el pago de favores políticos se ha hecho tan palpable como en la Cámara de Diputados, en la que los números en términos de recursos humanos son una cachetada a la ciudadanía y una enorme dis­cordancia con el discurso.

El cuestionado Miguel Cuevas, que fue electo para presidir la Cámara Baja en el primer período parlamentario del gobierno de Abdo Benítez, ya venía con dudosos anteceden­tes en la etapa previa. Había sido gobernador del departamento de Paraguarí, donde había tenido una discreta gestión, llena de irreso­luciones y de aparentes irregularidades, que hasta hoy el Ministerio Público, inexplica­blemente, sigue investigando sin animarse a profundizar en la pesquisa.

A pesar de sus antecedentes, Cuevas fue ungido como titular de la Cámara de Dipu­tados, siendo su alianza con el actual jefe de Estado la principal base de su repentino poder. Ya en las primeras semanas, el humilde oriundo de Sapucai realizó nombramientos inconcebibles y reacomodó su organigrama llegando a imponer unas 27 jefaturas y direc­ciones. No se entiende bien para qué, pero había direcciones que se crearon cuyo único fin es supervisar los seguros médicos de los legisladores. En cuanto al absurdo, Cuevas no dista de otros administradores de ese cuerpo legislativo que han tenido probablemente el mismo (o menor) desatino que él.

En las designaciones y nombramientos reali­zados por el ex titular de Diputados se puede deducir que la principal característica de los elegidos tenía la particularidad de ser sus allegados o compueblanos. Inauguraba así la gestión basada en el gentilicio, por llamarlo de alguna forma.

Sin embargo, este no fue su mayor perjuicio. Desde que llegó a la titularidad de la Cámara Baja, el ex gobernador dio empleo a unos 200 funcionarios en un cuerpo que de por sí ya está superpoblado con 1.200 empleados nombrados y 500 contratados. Con estos, hoy son 700 los funcionarios cuyos sala­rios no están contemplados en el Presu­puesto que año a año otorga el Ministerio de Hacienda. ¿Qué hacen estos funcionarios? ¿Necesita el citado cuerpo 700 contratados? ¿Bajo qué favor accedieron a ese puesto? Son preguntas que cualquier paraguayo se las haría.

La administración de Cuevas arrojó como resultado un manejo irresponsable del pre­supuesto legislativo y no solo denota su escasa formación como administrador, sino que además exhibe sus verdaderos propósi­tos, privilegiar a los suyos.

Pero este “beneficio” genera un problema administrativo-financiero. La Nación acce­dió a documentos, publicados en la edición de ayer viernes, en los que se constatan que en el presupuesto para pago de funcionarios contratados existe “saldo rojo”, por lo que el nuevo titular de la Cámara, Pedro Alliana, tendrá serias dificultades para cubrir los gas­tos que restan del año. Especialmente en los meses que vienen desde octubre.

En otras palabras, el manejo absolutamente irresponsable de Cuevas hipoteca la ges­tión que pueda realizar su sucesor. Cuando Alliana debería estar pensando en admi­nistrar el cuerpo legislativo para su rol más básico, ahora el también presidente del Par­tido Colorado deberá ocuparse de contar las monedas a fin de mes para cumplir con los compromisos.

Desde este espacio de reflexión no queda más que abogar por el fiel cumplimiento de las promesas hechas por Alliana, quien prome­tió transparencia, austeridad y responsabili­dad en el manejo de la Cámara Baja. Ojalá lo pueda hacer, pero para ello debe necesaria­mente empezar por desandar el camino que trazó su antecesor. Es tiempo de volver al manejo responsable de los fondos públicos.

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