Hace cuatro décadas se estableció en el Paraguay el 26 de abril como celebración del Día del Periodista. No lo hizo el gobierno de enton­ces, una institución pública ligada a la informa­ción o alguna agrupación de comunicadores que tenía la bendición oficial.

La creación del Día del Periodista en esta fecha fue una iniciativa de las incipientes organizaciones periodísticas inde­pendientes de la época que buscaban protección contra las persecuciones y garantía para su tra­bajo como informadores de la realidad y no como complacientes aplaudidores de la dictadura.

Los comunicadores de la época que profesaban el credo de la libertad de prensa y expresión, con­fesión muy mal vista entonces, decidieron fijar el Día del Periodista el 26 de abril. Para ello toma­ron en cuenta la fecha de la aparición del primer periódico del Paraguay libre, el Paraguayo Inde­pendiente, que vio por primera vez la luz el 26 de abril de 1845, gracias a la inspiración del primer presidente constitucional del Paraguay, don Car­los Antonio López.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Como el lema del Paraguayo Independiente era “Independencia o Muerte” y su propósito de exis­tencia era defender la independencia de nuestro país contra los intereses hegemónicos de la Con­federación Argentina, que quería absorbernos, la fecha del 26 de abril como día de los comunica­dores cayó bien para todos. El hecho era un grato homenaje de las generaciones actuales a uno de los actos de gobierno más significativos del siglo XIX. Y desde entonces el 26 de abril fue y es el Día del Periodista Paraguayo sin discusión.

No es mera coincidencia que la mafia de la fron­tera paraguayo-brasileña asesinara el 26 de abril de 1991 al periodista Santiago Leguizamón, que, con singular valentía, había denunciado a través de los medios en que trabajaba los turbios mane­jos del contrabando y el tráfico de estupefacien­tes. El primer gran mártir del periodismo para­guayo fue asesinado el Día del Periodista como un mensaje indiscutible de los mafiosos a los comu­nicadores del país.

Es que la profesión periodística, aquí y en cual­quier nación del mundo, es de alto riesgo y la rea­lidad cotidiana así lo demuestra. En muy pocas actividades profesionales existe el peligro que sufre el comunicador por cumplir con su tarea de informar. A un médico, abogado o ingeniero no se lo persigue ni se lo mata por ejercer su pro­fesión. Al periodista, en cambio, se lo amenaza, se lo hostiga, se lo persigue y hasta se lo mata por llevar información. Por eso realizar el trabajo de informador es peligroso. Ejemplos de esta situa­ción los tenemos en nuestro país con numerosos casos de periodistas asesinados por cumplir con su función de informar y en el mundo hay cen­tenares de casos lamentables que recordar con dolor e indignación.

A raíz de los riesgos que tienen muchas activi­dades laborales, en muchos oficios y profesiones existe lo que se llama el riesgo profesional, cuya prevención está contemplada en las leyes, que en la práctica se traduce en medidas de protección. Los riesgos profesionales del periodista no están contemplados en ninguna ley ni tienen cober­tura efectiva.

Pero ninguna profesión como la del periodista tiene la capacidad de llegar a tanta gente y de tener tamaña resonancia. Nadie como él tiene el privilegio de ser escuchado cuando habla, ser leído cuando escribe una columna, ser visto cuando presenta una noticia por miles o incluso por millones de personas en todo el mundo. Y nadie como él tiene la capacidad de influir en el sentimiento, el pensamiento o incluso la con­ducta de mucha gente que está pendiente de su información y su mensaje.

El trabajo del informador es de altísima impor­tancia en la sociedad, lo que conlleva una res­ponsabilidad extraordinaria. Por ello, no solo tiene la obligación de contar la realidad con la mayor objetividad posible, sino también de ser íntegro y honesto para tener credibilidad, que es su mayor capital, y contribuir efectivamente con la sociedad.

Teniendo en cuenta todo esto, el Día del Perio­dista no es solo una fecha de recordación y home­naje. Es también una oportunidad para reno­var su compromiso con la libertad de expresión y el derecho de las personas a recibir informa­ción veraz, responsable y ecuánime, como dice la Constitución Nacional.

Déjanos tus comentarios en Voiz