La vida cotidiana está llena de anéc­dotas. Algunas son para reír, otras son para llorar o ponerse triste, pero todas tienen un mensaje útil para reconocer la realidad y sacar lecciones que son provechosas para todos. Al nuevo ministro de Salud Pública, Julio Mazzoleni, le escucharon decir que no se puede com­prar un avión si no se tiene piloto cuando le reclamaron personal para terapia intensiva de un centro de salud de un pueblo rural cuyas autoridades equiparon el hospital dis­trital con recursos propios para atender a los pobladores que requieran esos servicios.

Se trata de la localidad itapuense de Fram, un progresista distrito que es un modelo de gestión en muchos sentidos. La comunidad, mediante el apoyo de las autoridades loca­les, empresas privadas y la Gobernación de Itapúa, cuenta con una unidad de tera­pia intensiva equipada con tres camas de última generación, oxígeno central, respi­radores, bomba a inducción y otros equipos mediante una inversión de 400 millones de guaraníes. Pero no tiene los especialis­tas para ponerla en marcha. Durante su gira reciente por Itapúa, le preguntaron al ministro Mazzoleni por qué no se proveía al hospital de Fram del personal para la aten­ción de terapia intensiva y el secretario de Estado respondió que “no se puede com­prar un avión si no se tiene piloto”, refirién­dose a que no se previó el personal para ese servicio.

La respuesta del ministro parece intras­cendente, pero es un buen indicador de la escasa sensibilidad de muchos funciona­rios del Gobierno, que aun con buena volun­tad no son capaces de comprender la dura realidad de la gente del interior. Probable­mente el ministro sea una muy buena per­sona, pero su actitud demuestra que todavía no ha comprendido del todo la función que le compete como máximo responsable de la salud pública del país. Y, como tal, no debe encontrar pretextos ni escudarse en evasi­vas para responder a los requerimientos de la gente. Él, como ministro de Salud, está en ese puesto para encontrar soluciones a los problemas de la salud pública. Si no, tendría que irse.

Ya sabemos que los recursos del Estado son insuficientes para cubrir todas las necesida­des y que el aparato estatal es una poderosa máquina de impedir. Que siempre habrá dificultades para ejecutar los programas y llevar adelante nuevos proyectos.

Pero también se sabe que si hay buena voluntad y un poco de ingenio se pueden encontrar soluciones creativas y hasta audaces. Si no hay fondos para contra­tar todo el personal requerido, se hacen reprogramaciones o ampliaciones presu­puestarias. Si no hay recursos del Estado, se pide a Itaipú o a Yacyretá que aporten fondos a través del consejo de salud local, o se concretan programas de ayuda con paí­ses amigos como Taiwán o la Unión Euro­pea. Pero lo que no puede hacer el Minis­terio de Salud es dejarles con las ganas a los necesitados mediante una ocurrente evasiva.

El ministro de Salud debe reconocer su error y gestionar las soluciones que se requieren. Porque con lo que dijo deja una muy mala impresión y suena a que quiere escudarse en excusas.

Al fin de cuentas, usando la misma com­paración del ministro, no es cierto que no se pueda comprar un avión si no se tiene piloto. Se puede comprar un buen avión y después buscar el piloto. Por lo que Salud Pública tiene que ponerse ahora a buscar y contratar al personal no solo para el hospi­tal de Fram, sino para todas las unidades de salud del país que lo requieran. Porque los paraguayos necesitan que el Estado se ocupe de ellos en una materia tan delicada como la salud.

Hay numerosos centros de salud y unida­des sanitarias que, igual que sus pacientes, están enfermos. Pero de recursos humanos para poder atender con la dignidad que se merecen los compatriotas de todo el país. Y es hora de que este gobierno se ocupe del tema.