Centrado en una agenda de odio contra el ex mandatario Horacio Cartes y claramente agendado por el presidente Mario Abdo, el titular de la comisión bicameral que dice investigar a Messer, pero miente porque en verdad lo que busca desesperadamente es involucrar al ex mandatario, desarrolló ayer una nueva jornada en la que los datos coincidentes obligaron a uno de los comisionados, Jorge Querey, a reconocer que hasta el momento no existe nada que vincule a Cartes con el supuesto investigado central.
Mientras el Gobierno siquiera tiene la capacidad de controlar los portones de la Agrupación Especializada, de donde se escapan los recluidos con burla festiva y pito catalán, el mismo presidente de la República, rodeado de un aire de altanería digna de recordados autoritarios de nuestra historia, lejos de una autocrítica salió ayer en la mañana a echar toda la culpa de su ausencia de liderazgo sobre la institución policial en los policías a cargo de la Agrupación, que, si bien no hay dudas de que fueron cómplices, lo hacen porque no sienten autoridad sobre ellos.
Pero como si esto fuera poco y como si los ciudadanos estuvieran festejando esa fecha –en tanto que en realidad estaban criticando su flojedad para controlar a delincuentes– tuvo la inspiración de recordar el 17 de diciembre del 2017, fecha de su victoria en las internas.
No hay dudas de que Abdo Benítez debe recibir el buen consejo de alguien que se anime en su entorno para recordarle que la campaña electoral ya terminó y es tiempo de gobernar. Obviamente, al recordar su logro de las internas no recordó que su victoria en las generales fue solo posible mediante la sumatoria de votos de quien luego del 22 de abril se convirtió en su objetivo político: Horacio Cartes.
Nadie en su sano juicio puede pensar que la comisión bicameral se mueve a inspiración de un congresista cuya sola expresión da cuenta de su importante y arenoso desierto intelectual como lo es Rodolfo Friedmann, quien no solo llegó a su banca mediante un descarado juego paracaidista, sino además tiene cuentas que rendir en una investigación de la Fiscalía por un gigantesco volumen de comida para niños que desapareció en el Guairá.
A decir verdad, nadie duda de que es Mario Abdo quien azuza a Friedmann y lo obliga a “morder” a Horacio Cartes durante todo este proceso, agendándolo inclusive en sus expresiones políticas, entre las cuales se destaca aquella en la que pidió que Cartes sea “quemado en una plaza pública”.
Es lamentable, pero esta agenda de odio está neutralizando lo mejor que podría haber ocurrido: generar una investigación seria sobre el caso Messer, transparente, sin la contaminación de los objetivos de odio político del oficialismo y sin la desvergonzada acción de apriete financiero contra el Banco Basa, promovida desde el grupo periodístico liderado por Natalia Zuccolillo.
Peor aun, al tratarse de un medio que jamás explicó la participación del banco de su propiedad, el Banco Atlas, en operaciones con la Conmebol en el marco del proceso contra esta organización deportiva, escudándose cobardemente en recovecos jurídicos para no responder ante la Justicia.
Con ello, el Congreso se pierde la oportunidad de saber lo que ocurrió, objetivamente, con el caso Messer en el Paraguay y todo se diluye detrás de la desesperación de estos actores políticos y mediáticos por complicar a HC en el esquema, lo cual al principio se observaba con atención, luego con desconfianza y hoy empieza a ser tragicómico.
Mientras toda la atención se encuentra centrada en golpear a Cartes, los megadelincuentes se escapan como gallinas de un corral sin reparar.

