Por fin, Petróleos Paraguayos (Petropar) decidió bajar el precio del gasoil y el gas, pero no rebajará los de las naftas a pesar de la declinación de los valores internaciones del petróleo. El sector privado dijo que también hará rebajas. Cuando todos nos preparábamos para aplaudir la esperada medida del ente estatal, nos encontramos con que el monto de la reducción es tan escaso, que se parece a una burla.
La presidenta del organismo petrolero anunció oficialmente que, desde el sábado venidero, 1 de diciembre, la cotización del gasoil común disminuirá en 150 guaraníes. Entonces, costará al público 5.080 guaraníes el litro contra los 5.230 que se viene pagando desde octubre pasado.
Si se analiza el valor de la baja del precio del carburante, encontramos que la disminución anunciada es tan solo del 2,86%. Esto da la sensación de que Petropar es muy tacaña a la hora de ofrecer ventajas al consumidor.
Teniendo en cuenta que el Estado tiene la obligación de resguardar los intereses del ciudadano, máxime considerando el valor clave que tienen los derivados del petróleo en nuestra sociedad, Petropar no se puede hacer el desentendido y dejar de cumplir su misión, la de ejercer el comercio de hidrocarburos atendiendo al bien común y no al interés de las empresas del sector. En ese sentido, el papel del ente estatal es determinante en nuestra sociedad, pues los consumidores no pueden quedar solo al arbitrio de las empresas privadas cuyo único interés es el lucro.
La experiencia demuestra que durante el oligopolio que ejercían algunas grandes compañías, cuando Petropar no estaba en el mercado minorista, los precios se establecían según la conveniencia y el afán de ganancia de las empresas.
Esta historia terminó cuando, durante el gobierno anterior, la empresa estatal empezó a participar en el mercado a través de estaciones de servicio en todo el país donde vendía carburantes a precio competitivo para dolor de cabeza de los oligopolios. Para ello, desde el 2013 hasta el 2018, Petropar abrió casi 200 gasolineras a lo largo y ancho del territorio nacional.
Pero la nueva administración tiene otra mirada sobre el papel de la empresa y antes que salir a liderar el mercado para resguardar los intereses de la ciudadanía parece más interesada en complacer a las empresas privadas cuya preocupación es disminuir la influencia de Petropar.
Recientemente, el presidente de la República dijo que había que rever el papel de Petropar, y propuso debatir si el ente debía ser solamente regulador de precios o si también tenía que salir al mercado a competir. Dando a entender que no se pueden cumplir ambos roles, lo cual no es cierto.
En su doble función de regulador y competidor de las empresas privadas en el mercado, Petropar ha hecho un extraordinario papel al favorecer a los intereses de la mayoría de los consumidores en la comercialización de un producto tan relevante para la producción agrícola, ganadera, el transporte y la ciudadanía en general.
El señor Abdo debe recordar que, si se creó Petropar en 1981 con la participación del Estado con el 60% de las acciones, fue para contrarrestar la perversa influencia de Repsa, la empresa de capital boliviano que con su monopolio abusó largos años del Paraguay. Desde 1985, cuando el ente quedó solo con la participación del Estado, se vieron los beneficios con los mejores precios para el país.
En los últimos años, con su presencia en las estaciones de servicio, ha dado más ventajas aún a la ciudadanía, que no cabe la disyuntiva de si es regulador o participante del mercado.
Por todo lo que ha hecho hasta ahora y lo que puede seguir realizando, Petropar cumple un rol estratégico en el país. Motivo por el cual tiene que seguir estando al lado de la gente, como aconteció en la administración anterior.