Las constantes ausencias y llegadas tardías de los senadores a las sesiones de la Cámara no pueden continuar. Temas de enorme importancia para la población y que se encuentran en estudio en el Senado son dilatados en forma totalmente innecesaria debido a que el normal funcionamiento del cuerpo legislativo depende del humor, de los vaivenes partidarios y hasta de la pereza de personas que recibieron, no un cheque en blanco para hacer lo que les venga en gana, sino una misión altamente patriótica.
De esta manera, se van postergando y retrasando los temas previstos en el orden del día, arrastrándose un déficit permanente en la producción de la Cámara. A esto hay que agregar las polémicas estériles y las interminables disputas partidarias en las que suele embarcarse la gran mayoría de los parlamentarios y que restan tiempo y condiciones para el tratamiento de los asuntos que verdaderamente interesan a la ciudadanía.
Los integrantes del Congreso disfrutan de jugosas remuneraciones y muchos privilegios que les son asignados con el propósito de que tengan la plena libertad de dedicarse con exclusividad al estudio y la generación de programas y leyes que beneficien a la nación.
Cuando priorizan sus conveniencias personales o sectoriales dejan de ser instrumentos para el progreso y el desarrollo en su calidad de representantes del pueblo y se convierten en una carga insoportable para la sociedad. No hace falta decir que nuestro país tiene problemas urgentes que reclaman la activa intervención de la clase política, que lamentablemente sigue sin mostrarse a la altura de las necesidades. Es, pues, clave para el país un aumento sustancial en la calidad de la labor legislativa. Para lograrlo, el primer paso evidente es que los legisladores que no cumplan con sus obligaciones y responsabilidades reciban sanciones en forma automática.
Es penoso ver el funcionamiento completamente distinto de los congresos en otros países, ni siquiera lejanos como Argentina y Brasil. No solo es casi inconcebible que las cámaras del Parlamento no sesionen por cualquier motivo, sino que además se nota en los debates la preparación de los legisladores y la seriedad con que abordan los diferentes temas.
Los congresistas de esos países no tienen problemas para continuar las reuniones por el tiempo que sea necesario para discutir, confrontar argumentos y defender sus respectivas posiciones. No son extraños los casos en los que llegan a quedarse horas, hasta la madrugada incluso, cuando el tema lo amerita o cuando se deciden asuntos de interés nacional.
Si nuestro país quiere superar los problemas que arrastra desde hace décadas es indispensable una labor legislativa de calidad. Esta se construye en primer lugar con un cambio de actitud de los parlamentarios, quienes deben recuperar el profundo sentido ético de la política y la vocación de servicio a la ciudadanía y a la patria que esta visión impone.
Senadores que no cumplen con su trabajo con la dedicación esperada y que parecen creer que se hallan por encima de los ciudadanos solo contribuyen a desprestigiar una institución crucial para la democracia. Es indispensable que las autoridades de la Cámara tomen medidas severas para sancionar a quienes con su irresponsabilidad desprecian a sus propios votantes.

