Acosado por serias denuncias de corrupción y enriquecimiento ilícito a costa de la administración pública, de haberse edificado una casaquinta ostentosa hasta el escándalo, injustificable con su trayectoria de humilde zapatero a convertirse en ostentoso potentado, pasando por la función pública, como presidente de la Gobernación de Paraguarí, otorgando, por si faltara poco, a su esposa un cargo de planillera… En fin, el colmo del saqueo en la administración pública, el colmo de la angurria; la propia: definición ciudadana de “humedad” porque lo agarra todo.

Como única respuesta a los reclamos, el hoy presidente de Diputados trató de hacer una ironía y afirmó que si alguien “se anima” a pagarle mil millones de guaraníes, la venderá. Lo dijo casi como un chiste, aunque un tanto caro y ofensivo para la ciudadanía, sobre todo cuando se trata del presidente de la Cámara de Diputados, que debe tomar con un tanto más de respeto a la justicia y a la ciudadanía que le están reclamando rendición seria de cuentas.

A la gravedad del saqueo de las arcas públicas, hay que agregar el desprecio por la ciudadanía, a la que no se molesta en darle una explicación razonable, sino a “exabruptar” una grosera humorada despectiva hacia la sociedad.

El mal del Congreso es el mal de la política para elegir a los representantes, sin capacidad, pero con exceso de angurria y total inmoralidad.

No es de extrañar que casi al mismo tiempo, en una demostración de falta de educación y civismo y respeto a la investidura de sí mismo y de sus pares, se dirigiera a una diputada tratándola de “mi amor”. Tuvo una respuesta de su par bastante comedida, reclamándole que se dirija a ella tratándola de señora o diputada o señora diputada, como correspondería a su persona y a su investidura, aunque resulte ingenuo pedir higiene al chancho.

Como se puede apreciar, el trato despectivo y abusivo hacia su par es simplemente el reflejo de la falta de respeto a su propia investidura y a la de todos los legisladores. ¿Cómo se puede esperar que respete a los ciudadanos si no tiene capacidad ni siquiera para respetar su propia investidura y la de sus pares?

Se suma esta desafortunada pretendida ironía a la falta de respuesta a un reclamo que ya no es de un medio de comunicación, sino de todos los medios y de la ciudadanía a la que se debe, lo que demuestra que el desprestigio del Congreso, que está desatando cada vez más la ira de la ciudadanía, no se debe solo a la pérdida de la honorabilidad, sino al saqueo ostentoso de las arcas públicas y a la falta de respeto a la sociedad a la que supuestamente representan senadores y diputados, permitiéndose además burlarse de sus mandantes y reclamantes; la sociedad a la que, en vez de servir, como mandan la Constitución y las leyes, la saquean.

La elección de los cargos públicos y la obligatoriedad de que rindan cuentas resulta imposible en estas circunstancias.

Se justifica la ira ciudadana y el desprestigio de la clase política, algo que, evidentemente, no se va a poder reparar, sino que, por el contrario, se va a ir agravando, poniendo a la democracia paraguaya, que es el camino que llevamos, en la más absoluta ingobernabilidad, por la falta de credibilidad y de respetabilidad de las autoridades electas y, principalmente, por la absoluta falta de reacción del cuerpo legislativo para reparar los daños y exigir un comportamiento honorable, como corresponde, en vez de dejar que continúe el saqueo a las arcas públicas hasta el desprecio más absoluto e irresponsable a los ciudadanos a los que deben representar y cuyos intereses deben proteger y garantizar.

De seguir reinando esta impunidad, el conflicto social va a ir agravándose y la gobernabilidad se va a tornar cada vez más difícil y, por ende, la vida política nacional se va a ir resquebrajando con una sociedad que cada vez se siente menos representada por sus representantes, y más dispuesta a la protesta y la insurrección que a seguir esperando una reacción coherente, sin que haya mínimos gestos positivos de la clase política.