Si miramos las estadísticas oficiales, no podemos evitar sentir que a pesar de las campañas y de los esfuerzos, más de mil mujeres al año han sido diagnosticadas con cáncer de mama. Si vemos las cifras de mortalidad, la cifra brindada por el Ministerio de Salud y Bienestar Social revela que aproximadamente cada dos días tres mujeres fallecen en nuestro país a causa del cáncer de mama. Y que de todos los tipos de cáncer que existen en el país, el de mama es el que causa la muerte de más mujeres.
Puestas así las cifras, debemos decir que nos preocupamos genuinamente por ello y nos parece un verdadero drama, ya que esta enfermedad, particularmente porque afecta a mujeres, tiene un efecto muy importante e incluyente en el ámbito de las familias. Todos sabemos que en nuestro país las mujeres representan una porción de la población que se ocupa de múltiples actividades, remuneradas o no, que sostienen el funcionamiento de las familias y hogares, como el cuidado y crianza de los niños, las personas mayores y los que padecen alguna discapacidad, por nombrar algunas de los importantes y duros trabajos que las mujeres realizan en una sociedad como la nuestra.
Por eso, cuando una mujer padece de cáncer, es toda la familia, todo el entorno, el que siente el peso que ella debe afrontar. Y, por eso, es importante puntualizar algunas cuestiones que vienen al caso, en este tema, cuando hay voces que critican la campaña Octubre Rosa, dedicada a llamar la atención sobre la detección precoz del cáncer de mama y también mantener una rutina que nos lleve a no abandonar la lucha.
Un ejemplo positivo que no podemos dejar pasar es lo que ocurrió en nuestro país con las campañas de detección precoz del que hasta hace pocos años era el tipo de cáncer que más afectaba –y mataba– a las mujeres de nuestro país: el cáncer de cuello uterino. Y, entonces, nos preguntamos: ¿Qué es lo que cambió para que ese tipo de cáncer ya no tenga el poder de arrasar con la vida de las mujeres del Paraguay o las afecte mucho menos? La respuesta es tan sencilla que asusta: porque se realizaron campañas de alerta que informaron a las mujeres en forma masiva sobre la importancia de realizarse estudios periódicos como el Papanicolau PAP y la colposcopia.
Además, esos estudios sencillos y que pueden realizarse en un solo día se hicieron más accesibles y hubo equipos móviles que recorrieron zonas más lejanas del país. En los centros de salud y en todos los hospitales y centros de atención, tanto públicos como privados, se habló de la importancia de la detección precoz y de estar alertas y ser conscientes sobre la importancia de que se pueda atacar a la enfermedad en sus primeras etapas, ya que eso aseguraría la eficacia de los tratamientos disponibles y, por supuesto, la sobrevida y la curación. Y los resultados son ahora ya evidentes. El cáncer de cuello uterino ya no es la primera causa de muerte por cáncer de las mujeres de este país.
Entonces, hoy por hoy, el Octubre Rosa, esa campaña que tiñe todo de ese color, considerado como el símbolo de lucha contra el cáncer de mama, no debe ser algo que nos parezca inútil, aunque se hable paralelamente de la falta de medicamentos o de lo difícil del acceso a los mismos en casos de tener que tratar la enfermedad. Si bien es una situación difícil y dolorosa que debe ser atendida con rigurosa urgencia e interés por parte de los que manejan la salud pública del país, no empaña la importancia de una campaña que esté dirigida a advertir, informar y dar detalles sobre cosas tan sencillas como útiles.
Todos los especialistas en la materia, de aquí y de todo el mundo, insisten en la enorme diferencia en el tratamiento y el pronóstico de un cáncer de mama detectado en sus primerísimas etapas. La mal llamada “prevención”, ya que no se puede prevenir la aparición de un cáncer, pero sí trabajar en evitar los factores que pueden predisponernos a padecerlo, como la obesidad, el estilo de vida sedentario, el tabaquismo. Sin olvidar la necesidad de prestar atención a factores hereditarios, como el de familiares que lo hayan padecido o lo padezcan. Además de la importancia del autoexamen de mamas habitual desde muy jóvenes. Son armas poderosas a la hora de enfrentar el cuidado de la salud. Pero es la detección precoz, cuando los tumores son muy pequeños y antes de las metástasis, la más exitosa manera de enfrentar con éxito las batallas y acceder a tratamientos más efectivos y menos cruentos con resultados más alentadores.
Y, para todo ello, sirven las campañas como Octubre Rosa. Para despertar el interés y el respeto por quienes deben atravesar esta enfermedad que, como otras, afectan a muchas mujeres que deben ser visibilizadas, tener acceso y ser escuchadas y atendidas. También sirven para que las mujeres de todas las edades sepan que los estudios anuales de mamas, al igual que los de PAP, deben ser parte ineludible de la vida de todas, además de estar enteradas de que por ley todas las mujeres tienen derecho a un día libre, sin descuento de salario en sus trabajos, cualquiera sea este, para acceder a esos estudios que en los centros de referencia y espacios dedicados a la salud femenina como la flamante y muy importante Ciudad Mujer son gratuitos.
Las campañas, de por sí, no curan, pero sí producen cambios importantes en las sociedades, que cambian sus miradas hacia la importancia de la salud. Y eso no puede ser considerado poca cosa.

