Parafraseando a la escandalosa y koygua… Jueza de un tribunal popular televisivo de dudosa seriedad y pésimo gusto, el canciller político Luis Castiglioni afirmó con rotundidad digna de mejor “causa”, que la decisión al respecto de la embajada de Israel es “caso cerrado” y para ser más contundente que la diva televisiva reafirmó: “cerrado, cerrado”.

¡Ojalá se pudiera ser tan optimista: lastimosamente para el ministro de Relaciones Exteriores, ni está cerrada ni se va a cerrar fácilmente, y menos con esta actitud antidiplomática, lo que no sería tan grave ya que la diplomacia no es su carrera ni por lo visto y considerando, su fuerte; el caso no está cerrado para el país, ni para gran parte del mundo, lo que sí es bastante más grave, dadas las consecuencias internacionales que ya ha tenido: el anunciado enojo de Israel, acompañado del de Estados Unidos; y los que pueden venir y vendrán, sin ninguna duda. Una infantilada que muestra la ignorancia del canciller en la materia, salvo que crea que él puede ponerle la tranca al asunto y parar el girar el torbellino de la política mundial.

Y más infantil aún resulta justificar la parafraseada y contundente declaración, planteando esto como se viene pretendiendo, como un conflicto entre presidentes, es decir, que el error lo cometió Cartes al optar por trasladar la embajada paraguaya a Israel. Analicemos la realidad más elemental; la decisión de Cartes, buena o mala, de acuerdo a los criterios de cada quien, lo que sin duda depende fundamentalmente del color, no del cristal con que se mira, sino con el punto de vista ideológico dentro del marco del equilibrio internacional y los bloques y alianzas de intereses políticos y económicos que en el mundo son y han sido y seguirán siendo.

Volvamos a la decisión de Cartes, en lo más elemental, contemplándola más allá de interpretaciones, es decir, en los hechos: no tuvo consecuencias para el país.

En este caso, la decisión de nuestra cancillería fue un tanto más que apresurada, como dijo el analista internacional Emanuele Ottolengghi, fue intempestiva, drástica y violenta, es decir, sin pensarla ni anunciarla; de sopetón, como también lo fue la de Israel, aunque puede argüir a su favor que no tiró la primera piedra y que, con un mínimo de “pienso” habría que haber adelantado, “cantada”.

Se puede considerar, como algunos han interpretado, que había molestias del nuevo gobierno con el ex presidente por no haber compartido la decisión con el presidente que lo iba a suceder, lo que puede ser un argumento, visto desde una perspectiva interna, acostumbrados como estamos a deshacer las obras y acciones de los presidentes que se van, es uno de los peores vicios de nuestra incipiente democracia, pensando hombre a hombre, es decir, cargo a cargo: hay que comenzar anunciando las cosas que “hizo mal” el viejo gobierno y hasta inventarle males a las que hizo bien.

Dentro de nuestras luchas internas, que cada vez son menos políticas y más facciosas, más lucha de cargos que planteos de gobierno en base a plataformas de país, de intereses nacionales.

Es decir, luchas cada vez más carperas, al decir de Eligio Ayala, ya que los partidos son cada vez menos partidos y más facciones, carpas de aliados coyunturales tras intereses crematísticos.

Salgamos de esas pugnas aldeanas y pensemos que la diplomacia paraguaya debe regirse por los intereses de país y, más pragmática aún, como es la consigna de la diplomacia, por los intereses nacionales, es decir: qué beneficios y qué “maleficios” puede traer una acción para el país. Ni a favor ni en contra de de Israel ni Palestina: analizando los intereses nacionales, los intereses del país los intereses de todos los paraguayos.

Ni a favor ni en contra de Cartes ni de Benítez. Y en este punto de despersonalizar “la interna” nacional o colorada nuestra de cada período de gobierno, a favor de Paraguay.

En cuanto a lo personal, sí cabe, inevitablemente, hacer una precisión personalizada, puesto que entre las obligaciones del Poder Ejecutivo está cuidar las relaciones con el exterior del país y dirigir las relaciones internacionales. Es decir, responsabilidad del Presidente.