Un político retirado repetía a menudo que en estos 35 años de libertad hemos abusado del sentido participacionista de la democracia, es decir, todos hablando y opinando de todo, pero con nula capacidad de resolver los problemas. Dos senadores electos por un mismo partido político terminan armando sus propias bancadas, no logran consensuar.

En un barrio donde se quiere empedrado, se conforman dos o tres comisiones vecinales. En la primera no hubo consenso, todos opinaron, no se pusieron de acuerdo y antes que agotar el debate y someter las posturas a votación, el sector que no pudo imponer su idea se retira y conforma otro equipo. La falta de empedrado sigue, pero ya existen 3 o 4 comisiones que no se ponen de acuerdo.

Las reglas de la democracia nos deben obligar a aceptar lo que la mayoría decida, previo agotamiento del debate. Si aceptamos las reglas del juego, aunque el resultado no nos sea favorable, debemos aceptar el resultado. El 30 de abril del año pasado, todos los sectores políticos aceptaron las reglas del juego, hubo un resultado contundente, pero los perdedores quisieron patear el tablero o “no tienen mayoría porque la oposición sacó más votos”.

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Algunos analistas políticos hablan hoy de una concentración de poder del presidente Santiago Peña y su movimiento político interno Honor Colorado. Hay un fiscal general designado en el gobierno anterior, una Corte Suprema de cuyos 9 miembros fueron designados por el Congreso anterior, con mayoría de colorados abdistas y opositores (liberales y de izquierda). Si se refieren al Consejo de la Magistratura o el Jurado de Enjuiciamiento, todos representantes de sectores elegidos por votación, excepto 1 designado por el Ejecutivo. Los 45 senadores y 80 diputados conquistaron su curul en contiendas electorales. ¿Dónde está la concentración de poder?

El escándalo de los “nepobabies” es absoluta responsabilidad individual, ética y moral de quienes ubican a sus hijos y de un poder del Estado (Legislativo) –que nos guste o no– cuyos representantes tienen legitimidad porque fueron votados. Pero cargan de culpa a otro poder del Estado (Ejecutivo) que no tiene en sus manos despedir ni a los “nepobabies” ni a los legisladores electos.

Mientras el 80 % de la prensa se ocupa solamente de esto, Paraguay está un paso de lograr el grado de inversión, con una histórica posición de negociación con Brasil en Itaipú, con resultados objetivos de lucha contra el crimen organizado (Veneratio) y con un plan social ambicioso de alimentar a 1.300.000 niños que están en las escuelas.

La dmocracia nos dio la libertad de opinar sin censuras, pero también nos da la libertad de construir juntos el futuro a pesar de nuestras diferencias. El partido de gobierno ha cometido un sin fin de errores, pero la oposición cometió uno de los errores más graves, mataron el discurso del cambio, porque al final terminan siendo iguales o peores de quienes históricamente han criticado. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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