Quienes estamos familiarizados con la asesoría financiera, aconsejamos a nuestros clientes que una parte de sus carteras se apliquen a “inversiones alternativas”. Pues cuando nos referimos a estas inversiones lo que queremos decir es que una parte de nuestros ahorros e inversiones debieran estar no relacionadas con los mercados financieros, sino con mercados que posean menor volatilidad y que tengan una mayor estabilidad de precios y mayores expectativas de rentabilidad a largo plazo.

En contrapartida a esas características, suelen ser activos menos líquidos y con costos de transacción y de transferencia mayores a los activos financieros puros o tradicionales, y tener mayores riesgos de pérdidas por razones operativas (incendios, accidentes, fenómenos climáticos, etcétera).

En definitiva, las inversiones alternativas se orientan a activos no tradicionales desde el punto de vista financiero. Y también se distinguen por los activos más sofisticados y con un mercado secundario más líquido, pues se debe prever la posibilidad de necesitar del dinero invertido y de hacer frente a una potencial falta de liquidez del activo tradicional.

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Así encontramos tipos de inversiones alternativas no tradicionales que sin embargo poseen cierto grado de liquidez, transparencia de precios y que a la vez no están correlacionadas con el mercado financiero tradicional. Tales como fondos de inversión o fideicomisos que se orientan a renta inmobiliaria o desarrollo inmobiliario, fondos o fideicomisos de ganadería, forestales, productivos agrícolas o fondos de deuda para compañías privadas y de capital de riesgo para nuevas empresas con base tecnológica.

Este tipo de activos es la tendencia en un mundo de bajas tasas de rendimiento para los activos financieros tradicionales. Y es responsabilidad del inversor definir la incidencia de las inversiones en activos alternativos dentro del conjunto de inversiones de cada ahorrista o inversor, que pueden variar según el perfil, necesidades y perspectivas de la económica en su conjunto. Además de poder invertir en esta clase de activos en mercados extranjeros, en nuestro país tímidamente han comenzado a aparecer disponibles estas inversiones a disposición del público inversor y de las empresas.

Así vemos ofertas privada y pública de distintos tipos de fondos y fideicomisos (construcción, préstamos privados, ganadería, proyectos de logística, forestación, capital de riesgo, etcétera) que comienzan a presentar un abanico de posibilidades.

Es importante que estas actividades sean virtuosas en nuestro país, para que generen alternativas al sistema bancario tradicional para las empresas y emprendedores y de manera sostenible. Así, es esencial que el inversor esté protegido con contratos formales, adecuadas garantías, asesoría financiera detallada y un sistema apropiado de resolución de conflictos. Va en ello el futuro del emprendedurismo en nuestro país, que debe estar apoyado en este mercado no estatal de financiación.

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