• Por Carlos Mariano Nin.
  • Columnista

Pedro tiene 36 años. Es guardia de seguridad y está casado con Alejandra, una joven sacrificada y trabajadora. Viven en Villa Elisa, pero solo para dormir. Él trabaja en Fernando de la Mora y ella en el Ministerio de Educación. Tienen dos hijos que antes de la pandemia iban a la escuela, pero primero ante la sorpresa de las clases virtuales y luego con esta segunda ola tuvieron que dejar.

Tienen miedo, y los entiendo.

Reconocen que la educación es fundamental para los chicos, pero, a su manera, asumieron que están en guerra y lo inmediato es sobrevivir.

Los padres de Pedro viven con ellos. La madre de Alejandra, muy cerca. Ahí nomás en la cuadra. Me contaron que sus ancianos padres tienen una pequeña lista de enfermedades de base, esa que se vuelve gigante ante este nuevo virus que nos tiene de cuarentena en cuarentena encerrados a la espera de sobrevivir cuanto sea necesario.

La vacuna se convirtió para ellos en una esperanza para dejar atrás el miedo y la incertidumbre, pero la realidad los golpea de frente. Las vacunas son una utopía. Al menos a corto plazo.

Lo real es que nuestro país necesita poco más de 4 millones 200 mil dosis para poder inmunizar al 30% de la población, que es la primera meta del Plan Nacional de Vacunación. Sin embargo, la verdad es esquiva mientras las vacunas llegan a cuentagotas.

Voy a tratar de explicártelo en números.

La realidad nos dice que si nos concentramos en el denominado grupo de riesgo, el 30% de la población (del cual forman parte los padres de Pedro y Alejandra), estamos hablando de 2.111.989 personas. Para inmunizar a este grupo, necesitaríamos 4.223.978 dosis, considerando que cada persona debe recibir dos disparos del biológico.

Aquí tenemos a tres grupos grandes de personas. Por un lado, están 70.297 profesionales del sistema de salud y 720.211 personas mayores de 60 años. Solo para vacunar a estos grupos prioritarios se precisan 1.581.016 dosis. En tanto, para inmunizar al otro gran segmento, compuesto por 1.321.481 personas de entre 18 y 59 años que tienen alguna comorbilidad, se necesitan otras 2.642.962 dosis.

Hasta la fecha, Paraguay recibió 4.000 dosis de Sputnik V, 20.000 dosis de Coronavac (una donación de Chile), 3.000 dosis de Sinopharm (donación de Emiratos Árabes) y a esto se deben sumar las 36.000 dosis de AstraZeneca, recibidas mediante el mecanismo Covax.

Sumados todos estos lotes solo tenemos 63.000 dosis y nos faltarían 4.160.978 más para llegar a la meta.

Aun si tuviésemos en cuenta el calendario tentativo de las próximas entregas, este proceso de vacunación podría llevar más de un año.

Hoy la carrera contra reloj para conseguir vacunas ya se disparó. Gobierno central, intendentes y empresarios farmacéuticos iniciaron las negociaciones. Todo es frenético, pero nada es seguro, y sin embargo, Pedro y Alejandra tienen un tema de conversación y es el mismo del que se habla en casi todos lados.

Atrás van a ir quedando las dudas y los cuestionamientos. Se podrían haber tenido vacunas como las tienen todos los vecinos de la región y en estos momentos quizás no habría tanto descontento y desazón. Pero no hablemos de eso ahora. La historia y la justicia seguro dictarán una condena.

Hoy esperamos, con esperanza y optimismo, quizás porque lo único que tenemos es usar tapabocas, lavarnos las manos y evitar las aglomeraciones, pero claro… esa es otra historia. Es la parte que te toca.

Etiquetas: #espera

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