- Por Felipe Goroso S.
- Columnista
- Twitter: @FelipeGoroso
Los paraguayos tenemos enormes problemas para dialogar entre nosotros, para arribar a consensos y trabajar sobre los mismos. Nuestra historia está llena de ejemplos en lo político, en lo social, en lo deportivo. En casi todos los campos donde nos toca movernos.
Al parecer, valoramos tanto nuestras diferencias que preferimos darles prioridad antes de que a las áreas en las cuales bien podríamos generar acuerdos. Y eso que estoy convencido de que nuestras diferencias, bien administradas, ayudan a fortalecernos desde la diversidad de miradas y pensamientos. Sin embargo, eso no pasa. Lo que sí pasa es que apenas salen a relucir esas diferencias ya nos “peleamos”, pero mal luego.
Una de las materias que deberían de ser parte de la agenda propuesta por el Poder Ejecutivo y de la cual les hablaba en mi columna del viernes pasado debería de ser Itaipú, específicamente la renegociación del Anexo C. En ese sentido, ayer se hizo público el decreto en el que se dispone la conformación del Equipo Negociador que representará a nuestro país. El mismo incluye al Ministerio de Relaciones Exteriores en la Coordinación General del Equipo Negociador, en tanto que el equipo técnico y el comercial serán coordinados por la Administración Nacional de Electricidad (Ande). Además, se contará con un grupo económico, que estará coordinado por el Ministerio de Hacienda y un grupo jurídico que liderará el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Se esperaría que el grupo se amplíe a más instituciones políticas (ambas cámaras del Congreso) porque, más allá de lo que algunos nos quieren hacer creer, la negociación debe darse en tono político, al menos si pretendemos aspirar a tener cierto éxito, y organizaciones sociales (muchas de ellas, con trabajos en el área energética). Y sobre todo se esperaría que se plantee la agenda, la hoja de ruta. Eso, en el fondo, es aún mucho más importante que las instituciones o nombres de sus representantes. Si podemos dialogar sobre la visión que debería guiar nuestra posición y llegar a marcos de consensos mínimos (es extremadamente difícil esperar un consenso absoluto), tal vez y solo tal vez podríamos esperar que la renegociación del Anexo C permee en todos los paraguayos y adquiera la importancia que siempre debió tener y la que debería tener en el futuro de todos.
La política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, debe necesariamente tener un alto componente de diálogo y de construcción de consensos. Y por todos los santos: no empiecen a decir que la renegociación del Anexo C es una causa nacional, podría serlo, pero antes debemos de convertirla en uno de los ejes de los cuales todos los paraguayos hablemos. Y en lenguaje sencillo, sin rebuscados tecnicismos.

