La vida de los Caballeros Jedi en esta parte de la galaxia es solitaria y peligrosa. Se diría que la lucha que deben enfrentar cada día es hasta desigual, si la comparamos con la de aquellos paladines vestidos de blanco que dan saltos acrobáticos y pueden mover objetos con la mente.
En esta galaxia los Jedi no tienen ni los famosos sables de luz ni los veloces cazas de cuatro alas que pueden disparar rayos láser, solo se reportan en un comando central llamado “la Redacción” en el que teclean un viejo procesador de textos. Eso sí, cada Jedi posee un dispositivo casi mágico con el que pueden grabar audios; hacer llamadas a planetas distantes (si tienen saldo); entrar a internet (si consiguen un wifi); registrar imágenes, tanto de fotos como de videos, y acceder a fuentes de información llamadas grupos de Whatsapp.
En esta parte del universo las batallas no se dan con grandes explosiones ni los Jedi se enfrentan a minucias como ejércitos de drones o infraestructuras colosales como “La Estrella de la Muerte”, que de un solo disparo son capaces de destruir planetas enteros, no, los enemigos de acá son mucho más peligrosos.
Acá, el lado oscuro tiene dominadas a grandes e impenetrables corporaciones llamadas Municipalidades, cuyos líderes conocidos como “intendentes” hacen sus negociados y rara vez son descubiertos.
Otros seres más mortíferos contra los que también deben bregar los Jedi locales son los que se reúnen una vez por semana en el Plato Volador, desde donde dirigen sus poderosas armas para conseguir cada vez más “créditos galácticos” o “dactarios” (monedas utilizadas en la saga creada por George Lucas).
Pero si de pavor habláramos, el verdadero mal, la gota más concentrada de terror, se expone en el planeta-prisión conocido como IPS (Innovador Paraíso de Supresión). Según cuentan, el IPS es la máxima creación nada menos que de “El Emperador”, el jefe supremo del Imperio Galáctico, la maldad hecha carne.
Aunque no se crea posible, allí los trabajadores de todas las confederaciones conocidas deben aportar indefectiblemente cada mes, quieran o no. Así, durante años, desangran a los indefensos ciudadanos hasta que llegan a la edad de retirarse. Los pocos que lo consiguen reciben una miseria, pero la mayoría sucumbe en la espera.
Sin embargo, lo que más le divierte al Emperador es el sistema de salud que ofrece. Bueno, salud es una ironía inventada por él mismo para demostrar que también tiene sentido del humor.
Gracias a las ganancias siderales que deja esta “enterprise”, este año, por ejemplo, el Imperio renovará toda su Armada: adquirirá una nueva flota de acorazados estelares, así como una veintena de destructores de la clase Victoria. Además, de un millar de nuevos AT-AT, o sea los Transportes Blindados Todo Terreno (esos que tienen forma de dromedarios) y todos los “Stormtroopers” o Tropas de Asalto tendrán flamantes uniformes.
¿Cómo lo consigue El Emperador? No es un secreto: sobrefacturaciones en las licitaciones; atención deficiente a los asegurados, los cuales mueren como moscas con excusas clásicas como “no hay cama” o “no hay medicamento” o “no llegaron los reactivos”, sin mencionar las infecciones intrahospitalarias, que extrañamente no se deben a algún virus liberado por el travieso Emperador (mejor no darle ideas), sino por el hacinamiento de los esclavos… pacientes.
Si, la vida de los Jedi en esta parte del universo es solitaria y peligrosa, aunque también tiene sus satisfacciones y a veces las conjunciones astrales producen místicas coincidencias.
Por ejemplo, un tema tan raído como las mismísimas vestimentas, desde ayer se convirtió en todo un clásico. Y es que los héroes locales no reciben túnicas, ni botas, ni cinturones, ni estolas, ni guías metálicas, ni accesorios (ni sables láser como ya dijimos), ni siquiera una miserable capucha para días de lluvia por parte de sus colegas del celuloide.
Sin embargo, desde que se instituyó el 20 de diciembre como el Día de la Camisa Arrugada, los Jedi nacionales salen a trabajar con más orgullo. Y es que mediante una campaña, las redes sociales visualizaron el grave daño que hace la plancha al planeta. De no creer, ¿verdad?... aunque las mujeres ya lo venían pregonando desde décadas atrás y nunca se les hizo caso.
Y es que esa arma diabólica llamada plancha había sido que es uno de los electrodomésticos que no solo consume más energía, sino que genera un aumento de la temperatura ambiente, contribuyendo al calentamiento global y al cambio climático.
Los expertos dicen que no planchar “equivale a plantar 7 árboles y a absorber el dióxido de carbono de siete automóviles”, es lo mismo que apagar 12 focos de 100 vatios o “generar el oxígeno que necesita una persona durante 8 horas y evitar la emisión del dióxido de carbono de tres seres humanos”.
Con esta iniciativa, el pedido hecho por los héroes locales acerca de uniformes quedará archivado en la sastrería de la Nueva Orden Jedi (puesto que los de la Antigua Orden argumentaron que nunca recibieron el pedido).
No es fácil salir a la calle con la camisa desplanchada, sin túnica o espadas láser, pero alguien debe luchar contra el lado oscuro. ¡Que la Fuerza nos acompañe!