• Por Jaime Egüez
  • Director del Club de Ejecutivos del Paraguay

Ha sido una semana llena de oportunidades para poder observar, aprobar o rechazar, pero sobre todo para actuar ante situaciones que nos pueden o no gustar, nos pueden o no parecer jocosas o mismo provocar miedo. Lo que definitivamente no se puede más permitir es permanecer impávidos, sin asumir una posición clara de qué lado estamos.

Hemos visto durante todos estos meses violaciones a la institucionalidad, al código de convivencia civil, al acuerdo de sociedad que estamos construyendo poco a poco con gran esfuerzo en este país, que sirve de modelo para otros países de la región. Y no es que lo estemos haciendo fantásticamente, es que los demás lo están haciendo mucho peor que nosotros, pero nosotros estamos trabajando en todos los niveles de la sociedad en superarnos cada día más.

Pero volviendo a nuestra realidad, es importante rescatar que cada vez más hemos incorporado la percepción de los datos, de las estadísticas, de las métricas como el mejor modo de mirar la realidad y entenderla. Salir del subjetivismo, del sujeto que opina basado en percepciones, a ser una sociedad que se está construyendo sobre datos y números.

Los anarquistas, los populistas y, sobre todo, los interesados en destruir nuestro proceso deben ser identificados plenamente y sobre todo que caiga sobre ellos todo el peso de las leyes vigentes para sancionar conductas y actos que violan nuestro acuerdo civil.

Debemos parar de justificar y aceptar acciones y actos personales que incumplen el acuerdo básico de convivencia pacífica y sobre todo acordada en la comunidad.

Debemos parar de aceptar y entregar espacios de debate a personas que proponen un discurso de odio entre paraguayos, personas que incitan a la violencia contra ciudadanos sean estos paraguayos o extranjeros que están ayudando al desarrollo de este país. Ciudadanos que han contribuido muchos años con su esfuerzo a forjar un mejor Paraguay.

Debemos confiar y construir mejores instituciones, mejores líderes en las instituciones, procesos más transparentes y un sistema de discernimiento y evaluación de las acciones de cada persona en dichas instituciones. No estamos en un escenario donde el más fuerte puede avasallar al más débil, menos aun siendo una figura que debe dar ejemplo de “civilidad y corrección”.

No está bien y no es legal cerrar rutas, no es legal romper bienes del Estado o mismos bienes de terceros, no está bien impedir con una medida de fuerza que no se decomise una carga de contrabando. No esta bien realizar nada que viole a la ley y a las normas institucionales y esto es así y punto. No debe haber ninguna objeción o discusión. Basta de ambigüedad.

La ley, las instituciones, las normas y sobre todo el respeto a las mismas en primer lugar nos permiten convivir en un marco que nos asegure un escenario donde podamos ser respetados y protegidos por dichas instituciones.

No es tan difícil mirar cómo algunas personas que a mi criterio no piensan en el bien colectivo, sino que enarbolando encendidas palabras en favor de un colectivo incierto atacan a las instituciones, a los responsables de estas, sin una objetividad coherente y basada normalmente en griteríos, acciones violentas muchas veces contra inocentes y contra propiedades de terceros o del mismo Estado.

No hay que ser tan inteligente para entender que los anarquistas y lo populistas o cualquier extremista que incite y provoque con violencia verbal o física el ataque a las instituciones o a las personas que cumplen con un rol institucional, no piensan en el país, no piensan en los ciudadanos del Paraguay, ellos piensan solo en sus fines, en sus objetivos de llegar a una posición de poder donde lejos de cumplir con sus pesadillas simplemente harán que todos participen de ellas, nos guste o no.

En mi caso personal creo en la construcción de dignidad y de bienestar para todos se da en la generación de recursos genuinos que permitan el desarrollo, el trabajo y la equidad en la sociedad. Se da solo en un marco que permita transparencia, sostenibilidad institucional y sobre todo respeto al individuo. Todos podemos aspirar si acordamos respetar el marco legal que nos contiene y lo defendemos, sobre todo.