“Duele decirlo, pero hay que decirlo”

La primera lección básica que se enseña en economía, incluso en un nivel elemental, para niños, es que las necesidades humanas (sus deseos) a satisfacer no tienen techo, o límites, o final, son infinitas; se consigue una y sigue, está, o viene otra. Pero sí son limitados, escasos e insuficientes los “recursos”, “medios” (el dinero) para lograrlas, alcanzarlas, satisfacerlas. Hay una brecha eterna entre necesidades y fondos. De ahí la ciencia de la economía como “la de la elección”: (1) hay que priorizar las necesidades a satisfacer (por su nivel de importancia, urgencia), lo que requiere la toma de decisiones políticas por los responsables (el Gobierno); y 2) hay que administrar los “recursos” realmente disponibles de la mejor manera posible. Este es el secreto de una buena administración.

Y cuando la economía en un país como el nuestro está mal, para la gente en especial, es imprescindible el liderazgo político para explicarle a la gente por qué no puedo satisfacer todo lo que toda la gente pide vía un mensaje que convenza, comprometiendo aplicar con el máximo rigor, por ejemplo, en la elaboración del proyecto de presupuesto fiscal 2020: austeridad, ajuste, ahorro, disciplina y responsabilidad. El mensaje político es más importante que el técnico. Debe hablar el Presidente al principio y permanentemente. Y respaldar a “su” ministro de Hacienda. El Presidente es el piloto y el de Hacienda es su copiloto. De lo contrario, la pelea por la distribución de la torta de los recursos es salvaje y el Presupuesto se convierte en un Frankenstein.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Para el 2020, Hacienda (Benigno López) presentó al Parlamento un proyecto ajustado, realista, prudente, bastante equilibrado y con compromisos de responsabilidad. Pero su mensaje fue débil, incluso en lo técnico, y faltó el mensaje político. Sin olvidar que la credibilidad de Marito es casi nula. Tomemos solamente el “instrumento” de la recaudación de impuestos, que es clave para satisfacer tantas demandas de la gente: 1) Se proyecta recaudar el próximo año 4.040 millones de dólares, que de conseguirlos tendríamos un aumento de 211 a 232 millones de dólares, teniendo en cuenta que al final de este “horrible” 2019 con posible caída económica (la peor en 19 años), al bolsillo del Gobierno entrarían entre 3.808 y 3.829 millones de dólares.

¿Podemos gastar toda la mejora de 200 millones de dólares en salarios? Nunca. Imposible. Menos cuadernos y medicamentos y obras públicas sería el resultado; y 2) Ojo, recordemos que el año pasado habíamos proyectado para el 2019 una recaudación de impuestos inicial de 4.390 millones de dólares, corregida posteriormente de manera correcta por el ajuste cambiario a 4.059 millones de dólares (Hacienda), así que al final dejaríamos de conseguir entre 230 y 251 millones de dólares menos, y en el 2018 recaudamos 4.077 millones de dólares contra 3.910 y 3.467 millones de dólares en el 2017 y el 2016, respectivamente. En el mejor de los casos es muy probable que el próximo año recaudemos menos que en el 2018 y no muy lejos del 2017.

Esta es la realidad, la verdad que el Gobierno no tuvo la capacidad de explicarle a la gente de manera clara y convincente. El técnico hizo los números, el político se llamó a silencio por recomendación de sus asesores para no quemarse. Error grave cuando ya está más quemado que nuestros incendios forestales. Por tremenda irresponsabilidad del Parlamento (colorados y liberales, para joderlo a Lugo) se subió el salario estatal en el Gobierno entre 850 y 930 millones de dólares en solo dos años (2012/13), algo nunca visto en nuestra historia. ¿Consecuencia? El 86% de la recaudación de impuestos comían los salarios. Responsablemente, pero con costos políticos, vino al ajuste y cerramos el 2017 bajando al 69% el pedazo de impuestos devorado por salarios.

A partir del 2018 empieza a subir y sería del 72% al cierre del 2019. Nunca, pero nunca los salarios pueden comer más del 70% de los impuestos recaudados, cuando lo recomendable es un 60%. Tampoco lo anterior se explicó de manera correcta, clara, simple y directa. El jueves de la semana el presidente de Chile, Sebastián Piñera, arribó de Nueva York (Asamblea de la ONU) y se puso a trabajar con el equipo de su ministro de Hacienda, Felipe Larraín, para preparar un mensaje “presidencial” a la gente que se emitió en el horario prime y en cadena por televisión y radio para explicarle en 15 minutos qué tipo de proyecto de presupuesto fiscal 2020 estaba a punto de presentar. Así se hace. En un país serio, con un gobernante serio. Cambio Marito por Sebastián. ¿Lo aceptarán los chilenos? Duele decirlo, pero hay que decirlo (DDPHQD).

Déjanos tus comentarios en Voiz