Carlos Amarilla, el ex senador y cercano al presidente Mario Abdo, había publicado en sus redes que “se vienen tiempos buenos, de recuperación en todo sentido para el país. Sin dudas existen errores, pero la prosperidad de nuestro pueblo no se detendrá”.
Ante tamaña aseveración, en un momento en que el 99% de los economistas coinciden en que estamos atravesando una tremenda crisis y el 80% de la población reprueba la gestión presidencial, nos pareció oportuno que Amarilla nos describa y profundice cuáles eran sus parámetros de medición, percepción o si estamos viviendo en el mismo país.
En la charla que tuvimos en radio UNO justificó sus expresiones en dos ejes, el repunte de la ejecución presupuestaria, que efectivamente se está dando en el MOPC, ya que a fines de mayo apenas llegaba al 19%, hoy supera el 49%. La excusa del bajísimo movimiento había sido la cantidad de días de lluvia que hubo. Y lo otro, resaltó la gestión al frente de la Senad del ministro Arnaldo Giuzzio, en el combate al narcotráfico, incautaciones y detenciones de pesos pesados del negocio de la droga.
Coincidimos con el ex legislador en estos dos puntos, de hecho sobre el segundo lo hemos destacado en esta columna meses atrás. Lastimosamente una golondrina no hace primavera, pero la anuncia dirían los optimistas. El punto es que todo ese trabajo ponderado que hace Giuzzio cae en saco roto, cuando el resto no funciona.
Como ejemplo, a la Senad le costó años de investigación, inversión, hombres para desbaratar la red que manejaba Jorge Teófilo Samudio González, alias Samura. Lo aprehendieron y en menos de un año, el hombre se fuga como consecuencia de la corrupción en todos los niveles. Desde la designación de directores de penitenciarías por favores políticos, hasta la necedad de mantener en el ministerio del Interior a quien genera división y desmotiva al cuadro policial.
A la ministra de Industria, Liz Cramer, quien goza de honorabilidad por la gestión que realizó en Turismo y quien podría estar poniéndole empeño a su trabajo, le “cocinan” una audiencia en la jefatura de Gabinete con un aventurero personaje que quería fabricar Lamborghinis en Paraguay y cuyos antecedentes no fueron revisados, generando un desgaste inmisericorde a la investidura presidencial.
Hasta el oficialista Amarilla coincidió en que la designación de Rodolfo Friedmann al frente del MAG fue un error. Lo mismo con la continuidad de Juan Ernesto Villamayor en Interior, cuya gestión no solo está desgastada por la ola de violencia e inseguridad, sino ahora también por las escandalosas sobrefacturaciones en licitaciones llevadas adelante en su administración, principalmente en la instalación de las comisarías móviles.
Ese cuento de que el presidente tiene un liderazgo horizontal, no impone, no baja línea, no ordena y escucha a todos ya suena a una excusa para justificar su ausencia de liderazgo. Las famosas “señales” o “golpe de timón” que en forma unísona se le reclamó luego de la crisis del acta bilateral y los desalentadores números económicos, jamás se dieron. Los cambios en su gabinete, que por cierto, él mismo anunció que se darían, de ministros o directores de entes con baja ejecución y con reiterados reproches, tampoco se dieron.
El senador oficialista Silvio “Beto” Ovelar dijo que Mario Abdo no tiene un liderazgo débil sino más bien manso, por lo que se toma su tiempo. Volvió a repetir lo mismo, Amarilla, en la charla que tuvimos, “ya vendrán esos cambios para revertir el tema inseguridad en cualquier momento”, insinuó. Al escuchar esto, un oyente nos llamó y se pregunta por qué los paraguayos somos tan tolerantes al punto de que debemos aguardar que el jefe del Ejecutivo se tome su tiempo, mientras nos asaltan y matan en las calles, siguen beneficiándose con dinero público a través de las licitaciones amañadas. No se avizora un plan en educación, tampoco en salud y en el área social mucho menos.
“El Paraguay es el mejor país del mundo”, dijo Abdo el viernes cuando inauguró 24 kilómetros del Corredor Bioceánico. Es verdad, nuestro país es maravilloso, pero no lo funda, señor presidente. Entiendo que los tiempos de Dios son misteriosos, pero usted no es dios, reaccione. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

