En un estudio que la empresa de investigación de mercados Ipsos acaba de dar a conocer, actualmente Argentina es el país más infeliz del mundo, con apenas 34% de ciudadanos felices. La bomba cayó demasiado cerca, del otro lado de la frontera.

Si hubieran apuntado bien, o si Paraguay formaba parte de la selecta lista de 28 países encuestados, tal vez el resultado habría sido diferente. Pero Paraguay ni siquiera aparece en el mapa, no existe, no importa.

El ranking tomó muestras de países de todos los continentes; sin embargo, para el resultado final en Latinoamérica solo fueron tenidas en cuenta 6 naciones. Por lo tanto, en esta parte de la región, los “competidores” quedaron de la siguiente manera: el menos infeliz es Brasil, seguido en orden creciente por Perú, México, Colombia, Chile y el campeón de la infelicidad, Argentina.

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Un país que hubiera peleado palmo a palmo por el poco honorífico título de infeliz, Venezuela, tampoco forma parte de la lista global. En el estudio, la empresa Ipsos desglosa sus resultados y explica sus conclusiones a través de elaborados cuadros y análisis, pero me pregunto en qué posición hubiera quedado Paraguay, de haber participado.

Haciendo una comparación, hay que aceptar que Argentina tiene en estos momentos una agitación política, social y económica muy importante, que se agrava a causa de las próximas elecciones del 27 de octubre y en la que el macrismo y el kirchnerismo dividen a los ciudadanos como en una licuadora a causa del “generoso” préstamo de más de 50.000 millones de dólares que realizó del Fondo Monetario Internacional. Y claro, ahora la gente está desesperada porque esa platita hay que pagarla. Pero no saben cómo, más teniendo en cuenta el ritmo con el que disminuyen sus reservas: esta semana pasaron de tener 57 mil millones a 53 mil millones, aproximadamente.

En Paraguay la cosa es algo distinta, hay mayor estabilidad y la caída no es tan estrepitosa, aunque los números asustan. Ojo, aquí la caída también es una realidad. La presentación del Presupuesto General de la Nación para el año que viene está “controlado”. Eso dicen, pero no se perciben los ahorros de los que hablan, por el contrario, las contrataciones en los entes públicos siguen para los parientes y amigos. También dicen que la sólida política aplicada desde hace unos 15 años genera una confianza en la solidez de la macroeconomía (blablabla)… aunque el dinero se queda en los bolsillos de los que viven en las nubes. Allááááá arriba. Abajo no llueve.

Abajo, los campesinos cierran rutas porque no pueden vender sus productos a causa del contrabando, mientras el desempeño de los ministros del Ejecutivo es lamentable y las denuncias suman sin que se tomen medidas.

Abajo, el dolor de las clases baja y media crece y avanza porque las personas mueren por falta de salud, mientras se recortan recursos al Hospital de Clínicas y el IPS nada en la nada.

Abajo, como es costumbre todos los fines de año, una vez más el Poder Judicial exige aumento salarial sin ofrecer el debido retorno en sus servicios, mientras Hacienda reconoce que la proyección de las recaudaciones no permiten aumentos salariales.

Abajo, incluso las hinchadas de Cerro y Olimpia se matan y resulta que los representantes de esos clubes se hacen los ofendidos en vez de hacer lo que deben: dar solución, no excusas.

Abajo, se invierte dinero para construir más cárceles, y mientras la Policía se vanagloria de su capacidad para llenarlas, en las fronteras cada vez se instalan más miembros del PCC.

Abajo la gente lee cómo existen parlamentarios que usurpan cargos, mientras la Justicia ni se mueve. O cómo los investigados por traición a la patria ocupan de nuevo sus puestos sin un castigo ejemplar.

Los problemas en Paraguay son tantos o más que en la Argentina, pero se vienen más, importados. Desde el Este, los cárteles de la droga huyen hacia Paraguay debido al poco fiable humor de Bolsonaro; desde el Sur, los inmigrantes buscarán empleo acá y los contrabandistas inundar el mercado con productos que no pagan impuestos.

Según la encuesta realizada por Ipsos, este año la felicidad cayó 6% en todo el mundo, con respecto al 2018. Es evidente que ese dato también se refiere a Paraguay, ya que nuestro país también forma parte del mundo, aunque para esa empresa no existimos.

Pero existimos. Existimos, así como el descontento que crece debido a la mala gestión y abusos de las autoridades. Abajo se concentra la presión de gente disconforme, mientras los cambios solo acaban en promesas. Por el momento, la bomba cayó muy cerca. Demasiado cerca. ¿Qué pasaría si se ajustara la mira?

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