La pésima comunicación del Presidente y de todos sus ministerios quedó más que nunca en evidencia cuando se desató la crisis política por la firma del acta secreta del 24 de mayo, que llegó a conocimiento de la ciudadanía dos meses después de ser refrendada con Brasil tras la renuncia del presidente de la Ande.

En casos así, un gobierno que tiene un buen equipo de comunicación, que sabe sobre manejos de la información en tiempos de crisis, lo primero que hace es instalar un comité de crisis para que pueda evaluar la situación y salir a explicar a la ciudadanía lo que está pasando cada vez que sea necesario. En casos así se designa un vocero o interlocutor principal –así como suplentes si hace falta– para que se encargue de la representación gubernamental sin necesidad de que sea el mismo jefe de Estado quien dé explicaciones permanentemente a la ciudadanía.

El Gobierno de Mario Abdo Benítez hizo exactamente todo al revés, pues se vio que el Presidente, el Vicepresidente, los ministros y todas las autoridades involucradas en la firma del acta secreta decidieron ir por su lado tratando de salvar su pellejo y buscando culpables en aquel o aquellos que hace pocos días era su aliado gubernamental.

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Aquí se notó demasiado que no hubo una “lectura” correcta de la realidad por parte de la asesora venezolana del Presidente, Verioska Velazco, ni por parte del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic), a cargo de Alejandro Peralta Vierci, quienes debieron haber advertido al Presidente que la ciudadanía estaba tratando a un gobierno de “vendepatria” y “entreguista”. Son acusaciones muy fuertes que no habíamos escuchado en todo este tiempo de la transición a la democracia en contra de un mandatario, excepto quizá cuando el líder colorado y ex vicepresidente Luis María Argaña (asesinado en 1999), en su lucha política por llegar al poder en la década del 90, trató de traidores a la patria a los que él denominó “barones de Itaipú”.

Tampoco las direcciones de comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Itaipú Binacional (lado paraguayo) articularon acciones adecuadas con sus pares (Presidencia y Mitic) para alertar a las autoridades sobre lo que estaba viniendo en términos de impacto político para el Gobierno, que resultó en un pedido de juicio político al presidente de la República y a su Vicepresidente. Se trata de un estigma que será difícil de superar.

El manejo correcto de la comunicación en un gobierno es fundamental, porque mal manejada no sirve para nada y hasta es un estorbo. Las personas e instituciones encargadas de administrar la información oficial no solo están para comunicar lo que hacen las autoridades, sino que son escudos –o deberían ser– y sensores preventivos que interpretan los hechos y alertan de lo que podría suceder. Por ende, si son constantes y hacen un buen trabajo, se convierten en activos colaboradores para la toma de decisiones preventivas. Por ejemplo, cuando se reportan movilizaciones de organizaciones en el norte, sur y este del país, que están haciendo reclamos puntuales en común sobre un mejor pago por sus productos, esos informes deben llegar a las áreas afectadas para que sus autoridades tomen las medidas correctivas o simplemente se trasladen hasta el lugar para dialogar con ellos. De esta forma, se podrá evitar más problemas y encontrar soluciones rápidas.

Esta semana el Presidente dijo a un canal de televisión que admitía que su Gobierno debía comunicar mejor y que era una cuestión pendiente de su gestión. Pero debo decirle también al señor Presidente que a veces la falta de comunicación es directamente proporcional a la gestión. Es decir, su gestión fue pobre y por lo tanto no hubo mucho que comunicar. No es para defender a su equipo de comunicación, pero es también una realidad. No puede simplemente escudarse siempre en que toda la “culpa” la tienen sus asesores informativos. ¿Qué se puede informar a la ciudadanía si es muy poco lo que se hizo? ¿Dónde están los resultados concretos y palpables en educación, en salud, en seguridad y en el manejo de las relaciones exteriores?

El Presidente y su equipo, asustados por la paliza ciudadana que pidió la cabeza de los dos del Ejecutivo, hicieron un tímido “mea culpa”, pero queda flotando en el aire cierta desconfianza de lo que pueden llegar a hacer. Mario Abdo prometió hacer cambios drásticos tras la crisis política, pero 15 días después anunció lo contrario. Entonces, cómo va a construir credibilidad si a cada rato está borrando con el codo lo que escribe. La conclusión es que en el caso de su Gobierno no solo hay fallas en comunicación, sino que la más grave proviene de las falencias de una pobre gestión.

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