• Por Roque González Benítez
  • Periodista

Hoy se cumple el primer aniversario de la asunción al Gobierno de la administración de Mario Abdo Benítez, cuya gestión en los 365 días transcurridos es cuestionada por gran parte de la ciudadanía. Quien además llega a este momento de recordación en medio de una imprevista crisis política que todavía no ha podido desactivar totalmente.

Al culminar esta etapa inicial al frente del país, más que festejar el acontecimiento por los logros obtenidos, que son escasos, el Gobierno se encuentra ante la expectativa ciudadana de qué cambios hará para mejorar su gestión y rectificar el rumbo de su conducción. Cosa que pasará invariablemente por relevos en su gabinete y principales organismos públicos para corregir lo que no ha hecho bien hasta ahora y así cumplir las expectativas.

En el balance que han realizado los distintos medios del país, tanto con base en encuestas como en opiniones de entendidos en la materia, es prácticamente unánime la calificación negativa del primer año de Abdo Benítez al frente del país. No se trata de una concertación mediática para descalificarlo, sino la simple constatación objetiva de los hechos a lo largo de los últimos doce meses.

Son numerosos los defectos que le apuntan a su gestión. Uno de ellos es el bajo nivel de ejecución presupuestaria en inversiones de la mayoría de los ministerios y organismos públicos de relevancia. A esto se añade la sensible merma del comercio exterior, ya que no solo cayeron las exportaciones, sino también las importaciones, como signos evidentes de una más débil economía, por cuya razón el país no solo ha vendido menos, sino que también ha comprado por debajo de su nivel anterior.

La caída del consumo interno, un hecho detectado ya en el tercer trimestre del 2018, ha persistido en todo lo que va de este año, disminuyendo la actividad comercial formal, al tiempo que el contrabando se fue enseñoreando a caballo de los menores precios de los productos de países vecinos. La menor actividad económica ha traído como secuela el incremento del desempleo y la subocupación, que en los últimos meses han alcanzado cifras que tendrían que preocupar.

Como consecuencia de lo apuntado, el Estado ha visto declinar sus ingresos tributarios, ya que los derechos aduaneros se vieron afectados por la caída del comercio exterior, en tanto que los impuestos internos, especialmente el IVA, no crecieron en la medida de lo previsto. Mientras tanto, los gastos estatales han aumentado por la suba de salarios y otras erogaciones improductivas.

Coronando todo esto, el Gobierno, distraído por la actividad político-partidaria, reaccionó muy tardíamente ante la declinación económica, por lo que hasta ahora no se ha podido reactivar la economía. Este es uno de sus principales pecados, que tendrá que enmendar con rapidez para que no empeore la situación.

Se ha dicho también que el Presidente no ha mostrado el liderazgo que requiere el país, que su actuación en muchos casos ha sido vacilante y hasta débil. Y que el trabajo de muchos de sus colaboradores, que no fue aceptable, pone al gabinete en el tobogán que los echará del Gobierno.

Este 15 de agosto es un día importante para el país porque más allá de su connotación histórica, es el momento clave en que el Gobierno tendrá que adoptar decisiones de gran relevancia para la vida del Paraguay. Entre otras cosas, deberá realizar necesariamente los relevos de personas en los sectores más álgidos de la estructura gubernamental, tanto en ministerios, organismos públicos, como en entidades binacionales. Y sobre todo tendrá que operar los cambios de rumbo para rectificar las actuaciones equivocadas y encauzar mejor su trabajo.

Toda tarea humana siempre es perfectible y nadie tendría que sentirse molesto por el reclamo de que mejore su gestión. Pero para eso hay que tener la honestidad de reconocer los errores y la valentía de emprender un mejor proceder. El Presidente debe adoptar una postura más firme y eficiente en su actuar de gobernante, tomando las decisiones con valentía.

El pueblo que lo votó mayoritariamente en las elecciones de abril del año pasado así lo espera. Y el país, que lo aceptó como mandatario legítimamente surgido de las urnas de la democracia, desea una mejor gestión para bien de todos.