Claro que había razones para el juicio político al Presidente y al Vicepresidente. Pero fracasó. Hubo un consenso inicial al respecto, entre las principales fuerzas políticas, cuando pensábamos que se impulsaba por una cuestión de patriotismo, amenaza de entrega de la soberanía, contra los “vendepatria”. Al final, había sido, no eran tan así.

Por sobre el supuesto patriotismo primó una vez más el oportunismo, la transa, los intereses sectoriales y particulares. Ahí están los de Patria Querida, quienes inicialmente pegaron el grito al cielo sobre el “acuerdo secreto” y a la hora de la verdad recularon, zigzagueantes, tibios y pendulares se bajaron del juicio político alegando temor a las repartijas de un futuro gobierno y para quedar en lo políticamente correcto, impulsaron bajar el pulgar al dos del Ejecutivo, porque contra el uno, supuestamente, no había pruebas.

El oportunismo en su máxima expresión y un atropello al sentido común porque si había razones para enjuiciar a Hugo Velázquez, por acción u omisión, había más razones para que Mario Abdo corra la misma suerte. Y ahora vienen con el cuento de que si el Presidente no le suelta la mano al Vice, también debe irse. Basta, señores, ya dejaron pasar la brillante oportunidad que tenían por su inexperiencia, falta de oficio político, ausencia de liderazgo e intereses personales. Ahora a trabajar para reencauzar la situación, pero sin el sháke del juicio político.

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La clase política en general debe asumir con seriedad esta crisis, pero con un poco de piedad hacia el Paraguay. El economista Manuel Ferreira, atinadamente, nos recuerda que este no es un buen momento para el país: “Esta inestabilidad afecta a la economía, frena las inversiones, no se contrata y se despide, la gente tiene miedo y no gasta, nos ven como unos irresponsables”.

Mario Abdo ya sintió que su silla corre peligro y aquel “uyy, qué miedo tengo” que ironizó con una ciudadana en el Este se le vino encima, quizás más rápido de lo que se imaginaba. Pero todavía está a tiempo de dar un golpe de timón y es lo que desesperadamente anhelamos.

El caso del “acta entreguista” ya está en manos del Ministerio Público y es aquí donde ahora debemos concentrar la mirada para que hagan su trabajo. Es más, ni siquiera la comisión bicameral conformada ya tiene sentido porque la Fiscalía, que tiene más herramientas para investigar, ya lo está haciendo.

Al Paraguay no le conviene la anarquía, le conviene, con la presión ciudadana y mediática, fortalecer las instituciones republicanas. Dejemos que la Fiscalía concluya su tarea con relación al acta bilateral.

Existen demasiados temas pendientes y trascendentales, de los cuales el Gobierno debe ocuparse y la clase política acompañar, proponer o criticar. Si seguimos nomás con la permanente amenaza del juicio político, dejamos al Paraguay ante el mundo como un país poco serio, impredecible y ahuyentamos al capital extranjero.

Las calificadoras de riesgo ya llamaron la semana pasada a preguntar qué pasa en el país. Cuando el capital está parado y la economía se frena, se dispara la criminalidad y la delincuencia aumenta. Insisto, ya no corrió el juicio político, en su momento, necesario y oportuno, pero bajemos un cambio y tengamos más compasión por el Paraguay y la gente que busca un mejor bienestar.

El tema Itaipú demostró que es efectivamente una causa nacional. Exijamos seguir en la línea de poner a los mejores hombres, de todos los sectores y colores, para enfrentar al Brasil en la renegociación. Abracemos al Paraguay, no lo sigamos destruyendo más. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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