El ministro de Hacienda, Benigno López, quien además es el hermano del presidente de la República, necesita el respaldo y el apoyo decidido de un líder capaz de jugarse por él. Benigno no es un político de barrio con la sonrisa pintada todo el tiempo y mucho menos de esos funcionarios zalameros que fingen una actitud y se comportan de otra.
Es un técnico preparado que ha hecho un postgrado en los Estados Unidos y que a su retorno se metió al Banco Central del Paraguay donde hizo carrera en la función pública, hasta que tomó la decisión de volver al país del norte. Tras unos años lo convocaron para formar parte del equipo jurídico de la Itaipú, donde estuvo menos de un año, luego lo convencieron para asumir como presidente del Instituto de Previsión Social (IPS) y ahora en Hacienda.
Quienes lo conocen a Benigno ponderan su capacidad, coraje y sobre todo honestidad. Cualidades atípicas en Paraguay en hombres que tienen carga pública. Es de esos técnicos que cualquier gobierno debería tener, pero para tenerlo hay que asumir las consecuencias, y este Gobierno, o mejor, el presidente no las asume.
Si Mario Abdo quiere seguir teniendo a su hermano en el Gobierno debe defenderlo con actitud y valentía, no de la manera políticamente correcta como lo hizo con aquello de que “si hay razones debe irse”.
Con este mensaje, el Presidente deja vulnerable a quien transfirió la responsabilidad de administrar, nada más y nada menos, las finanzas del país y, encima, aplicar las reformas más odiosas, pero necesarias, sin entregarle, para colmo, la medición del timing que debió considerar antes de arrimar la reforma tributaria.
Hoy Benigno es como una diana de dardo. Expuesto para el tiroteo permanente con razón o sin razón, ya sea de quienes lo ven como una amenaza para el sistema, de los detractores del gobierno de la gente y del oportunismo político y mediático, que ven su caída como un nuevo “trofeo”.
En el IPS, como en todas las instituciones públicas, se necesitan reformas profundas, que no pasan solamente por el cambio de las personas que están en los cargos de relevancia. Aunque pongan a la reencarnación de la madre Teresa de Calcuta como presidente del ente, seguirá habiendo desangres innecesarios, porque el sistema esta corroído.
Si en serio nos importa, y debería importarnos, seguir haciendo las transformaciones para volver eficientes y menos corruptas a nuestras instituciones, debemos dejar de lado el populismo, como igualar el salario parlamentario al de un docente, y como iniciativa parlamentaria reformular la Ley 2051 de Contrataciones Públicas, cuya norma, todos los proveedores y funcionarios ya le encontraron la vuelta, y así optimizar las millonarias compras que hace el Estado.
Lo otro pasa por cómo se elabora el Presupuesto General de Gastos de la Nación. Por poner un ejemplo, si tan escandaloso pareció al divulgarse el contrato de G. 140 mil millones para servicios de seguridad en el IPS, ¿cómo es que el Congreso aprobó ese presupuesto? O ¿son todos cómplices del esquema los 80 diputados y 45 senadores?.
El karaku para mejorar la calidad del gasto pasa por estas dos cuestiones, cómo compra el Estado y cómo se elabora el presupuesto. Mientras estos dos aspectos no formen parte de la gran discusión y del debate, todo seguirá igual, independientemente a quienes estén ocupando los cargos importantes.
En una de estas reformas es donde Benigno está trabajando, pero son reformas revolucionarias que tienen sus costos políticos. Por ello, si el ministro de Hacienda hoy no tiene el blindaje que debe otorgarle el poder emanado del propio presidente, está perdiendo su tiempo y está erosionando su figura de manera innecesaria. En resumen, si Marito no se juega ni por su propio hermano a la hora de defenderlo, Benigno debe irse de este Gobierno. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

