Las reuniones llevadas a cabo en el arranque de esta semana entre los poderes del Estado, la Fiscalía General del Estado y otras instituciones para abordar los problemas de la caótica mora judicial y la deficiente política penitenciaria del país son apenas medidas paliativas. No debe pensarse que las mismas son el principio del fin de una solución definitiva de problemas que se arrastran desde hace décadas.

De hecho que es plausible la iniciativa del Poder Judicial de ajustar ciertas tasas judiciales para destinar unos guaraníes más a la infraestructura penitenciaria, pero este poder tiene que ponerse las pilas y encontrar fórmulas para acelerar no solo los procesos judiciales de potenciales delincuentes, sino también ser más expeditivo con la administración de justicia en general.

Asimismo, el Poder Judicial no puede darse el lujo de seguir sustentándose en jueces y actuarios corruptos que privilegian a quienes cargan sus latas de dinero y de rebote hacen pasar las de Caín a ciudadanos que a diario buscan justicia en los pasillos de todas las circunscripciones judiciales del Paraguay sin un guaraní en el bolsillo.

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Lo que pasa en el Chaco nomás es un ejemplo de lo que estoy diciendo, donde César Garay Zuccolillo, quien hace poco se salvó de un juicio político, es superintendente de esa circunscripción. Su responsabilidad ahora es mayor, pues debe revertir esa pobre imagen que carga sobre sus espaldas, más aún cuando la ciudadanía y todo el sistema político tienen en la mira los actos jurídicos del Poder Judicial.

En cuanto al Ministerio de Justicia, donde Julio Javier Ríos es ministro, no debe tampoco conformarse con el “oxígeno” y la manita que le están dando los legisladores con la aprobación de una declaración de emergencia penitenciaria por un año. Su tarea a partir de ahora es un doble desafío, ya que enfrenta una etapa en que debe reformar todo el sistema penitenciario y emprender una lucha contra la corrupción en las cárceles. Se trata de una misión nada fácil, considerando que en las entrañas de los presidios se han mimetizado delincuentes de todas las marcas y pelos de peso internacional, en las que son protagonistas los dólares que circulan como producto del narcotráfico. De hecho, creo que va a requerir de ayuda externa para poder salir más o menos airoso. Hasta el momento, quien cae al lugar como ministro o director de cárcel es consumido por el imán del vil metal.

El desenlace violento que registró el domingo 16 de junio el enfrentamiento entre facciones criminales en la Penitenciaría Nacional de San Pedro, algo que nunca había ocurrido en un reclusorio en Paraguay, puso en jaque todo el sistema y pateó el tablero del statu quo en lo que a política criminal se refiere.

Como lo había dicho en mi comentario anterior, lo ocurrido entre el PCC y el Clan Rotela no hay que tomarlo a la ligera porque no es el principio de una pelea entre facinerosos, sino que es el fin para un Estado que está colapsado y que tiene que tomar medidas serias en cuanto a la política criminal nacional se refiere en todas sus formas.

El Gobierno acelera las expulsiones del país de delincuentes que son buscados por la justicia del Brasil, pero no es suficiente. Mientras expulsa a dos, entran a la par cuatro o más delincuentes a las penitenciarías nacionales, especialmente en las zonas fronterizas. Las purgas en las cárceles descomprimirán de momento la presión en los presidios, pero la solución de fondo es emprender de manera frontal una lucha sin igual en las calles contra los delincuentes, principalmente contra aquellos dedicados al tráfico de todo tipo de estupefacientes y armas en las fronteras.

Paraguay no va a poder solo hacer este trabajo. Requerirá de la ayuda de las fuerzas policiales del Brasil y de la Argentina para este menester. Dudo mucho tampoco que la Policía paraguaya sola pueda hacer frente con éxito a organizaciones delictivas bien equipadas (armas y vehículos) y con muchos dólares, capaces de sobornar hasta a las más bajas esferas de las instituciones. De hecho, otras instituciones deberían sumarse a este combate de criminales en zonas de fronteras, que son los lugares donde pululan por la facilidad que tienen de moverse en uno u otro lugar.

Insisto: la impunidad es la palabra más preocupante hoy en día. La delincuencia se ampara en la impunidad. No tenemos otro camino que comenzar a castigar severamente a todos por igual.

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