• Por Antonio Carmona

Parece, a primera vista, excelente la propuesta del presidente de la Justicia Electoral, juntamente con estudiantes de Derecho de la UCA, de realizar una campaña para impulsar la participación de los jóvenes en la política, desarrollando actividades que les hagan interesarse más por ese arte de la gobernabilidad tan degradado como desgastado en nuestro país y hasta podría decir, en la región.

No es la primera vez que el TSJE hace campañas de este tipo, buscando la participación de ese “divino tesoro”, manifestando la preocupación por la falta de presencia de quienes tienen que ser el relevo, de quienes tienen la capacidad de renovación, la fuerza y, sobre todo, la generosidad y el idealismo que con los años se van deteriorando y convirtiéndose en mezquindades y en esos antivalores que derivan en la corrupción y en el “¡sálvese quien pueda!”.

A la vista, para no ir más lejos, está la decisión de la ANR de cerrar puertas a la juventud, que no es lamentablemente exclusiva, aunque su descarada implementación le marca y obliga a recordar cierto pasado tenebroso en que jóvenes y estudiantes eran “el cuco” de la dictadura y disculpa para la represión, y disculpa para corromper la educación y degradarla a niveles de analfabetismo, de borrar la educación cívica, es decir, política, en el sentido del orden y concierto de la polis.

Me vino por eso a la memoria el famoso poeta cuya frase se ha hecho universal, “Juventud, divino tesoro”, trasladándola del tono personal de Rubén Darío al tono de la sociedad, de las sociedades, donde a veces no se aprecia ese maravilloso tesoro, esa riqueza de la juventud y se la ignora, se la deja de lado. Me vino también a la memoria y con pena recordar que, a su retorno al Paraguay, tras la caída de la dictadura, con la misma premura y angustia del poeta nicaragüense, Augusto Roa Bastos trajo bajo el brazo, entre tantos proyectos de escritor, uno que apuntaba a formar y fomentar a la juventud políticamente; proponiéndole a la dirigencia política un plan de educación para la participación. Comentó, con tristeza borincana, después de tocar varias puertas y hablar con distintos dirigentes políticos, que recibió la respuesta negativa porque “había tareas más urgentes”. Evidentemente, las urgencias se han marchitado sin dar frutos y tenemos la política que tenemos hoy, en partidos…, más vale citar a Eligio Ayala: “Más carpas que partidos unidos”, desposeídos de ideología, desposeídos de principios y de una firme organización, más embarcados en el internismo más destructivo que en la construcción de organización para elevar la educación e incorporación de ese divino tesoro de la renovación generacional para renovar y sanear esta política bastante anticuada, un tanto podrida y corrompida, inoperante.

Vale recordar que el gran poema del maestro de la renovación de la poesía iberoamericana que no es de melancolía ni de llanto, sino de añoranza por la pérdida, porque el derroche de esa efímera riqueza, de ese tesoro que derrochamos sin darnos cuenta, en la visión del poeta… y lo que es más grave, a propósito, cerrándole las puertas a esa fuerza maravillosa, renovadora y marginada a despecho de que no tiene retorno, que “te vas para no volver”, marginando a las generaciones jóvenes, que según el himno que cantamos tan fervorosamente, con más cinismo que convicción, al caudal de “La esperanza”, “Del bello porvenir”.

En fin, podemos trazar la triste historia desde que Roa pidió que tuviéramos en cuenta esa fuerza, desperdiciada por tres décadas, relegada, en nuestro caso por la politiquería y gerontopolitocracia.

Vale la pena recordar el lamento del poeta, por la pérdida de extraordinario tesoro, aquí devaluado: ¡Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer...

No es un llanto, sino una valoración tardía, la conciencia del bien perdido, que es irrecuperable, del tiempo perdido que no ha sabido valorar, que no ha sabido aprovechar… que ya se ha ido. Y con el agravante, con relación al lamento del poeta, que lo ha hecho sin darse cuenta, que en este caso que comentamos, que se hace a propósito, para evitar esa esencial competencia que debe ser un proceso electoral, con las puertas abiertas para todos, con el derecho de todos los ciudadanos de participar y de votar y de elegir, sin discriminación.

Y vale la pena recordarlo una vez más al sabio amigo Víctor Benítez: ¡Y así nos va!

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